Dedicada al muy ilustrisimo Sr. Don Surlaw, que parte del contexto es suyo.

(Prefiero que me coma el blind a que me coma el flop)

- por qué no vas?
- no tengo seguridad.
- yo iría, es poco lo que puedes perder.
- y poco lo que puedo ganar.
- te van a comer los blinds
- prefiero que me coma un blind a que me coma un flop.
- bueno mira, tenías dobles.
- a veces pasa.
- full.
- es lo que hay.
- cuánto llevas perdido?
- seis pavos.
- pírate ahora que estás a tiempo.
- ya..
- vamos.

El receso

- stop!
- qué sucede?
- necesito tiempo.
- tiempo para qué.
- calla un momento. Anteayer gané noventa pavos, ayer voy y los pierdo. Me dije, va, si llego a cien me retiro. Pero perdí, así que me dije, va si recupero lo que tenía me voy. Pero perdí, así que me dije, coño, ahora tengo que recuperar al menos la mitad de lo que tenía, no me puedo ir así después de haber conseguido esta hazaña. Pero perdí, y así hasta quedarme a cero.
- ja, qué ingenuo. Es que no ves las pelis? El mundo está lleno de gente que cree ser buena en el juego y los enganchan con una buena racha de suerte inicial que los motiva para terminar perdiéndolo todo.
- bueno, he visto Rounders y es precisamente al revés. Y A big hand for a little lady también está plagada de triunfadores.
- pues yo me retiraría cuando tuviese suficiente para irme de putas.
- pues tú sí que serías un gran jugador.

El destino también juega


Mangantes, magnates, vividores, soñadores, gentes sin escrúpulos, rufianes, vencidos, vendidos. Una mano esperanzadora, un sueño prometedor, un ahínco taquicárdico y un plan maestro. Cuando un jugador empedernido se retira para comprar unos pocos acres donde edificar su granja junto a su hijito y su esposa, una sola ráfaga de tentación puede llevar al traste con todos los ahorros de ese sueño laborioso, humilde y feliz. Abocado a una partida suicida, con un estilo de juego capitalista al no va más (si no tienes para igualar la apuesta te quedas fuera). Y cuando esa providencial mano llega, después de haberlo abocado todo a la mesa, después de haber sufrido la humillación ante la cruel derrota que da pie a la desesperación. Rodeado por un elenco de aligátores hambrientos, de semblantes recios y despreocupados esperando la carnaza entumecida de un debilitado forastero que pende de un árbol apunto de caer al charco. Entonces la tragedia se masca, la mujer llega, el infarto también, el niño llora, los jugadores bostezan y mientras todo el barco del porvenir de nuestra familia bienaventurada se hunde, una sola mano alzada por encima de todo cual estatua de la libertad espera a ser mostrada mientras la expectación hacia su virtud aumenta. La mujer es la única que podrá culminar el desaliento, A big hand for a little lady. No se la pierdan, es un consejo. La mano de Dios puede no ser sólo la de maradona.

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