El abanico de Lady Wintermade (La cotilla en castellano)

Una noche de Diciembre Flor le dijo a Lauren:

- Oíste a aquel bandido? Quería robarnos la manteca!
- Flor, Flor mía, florecita, creo que en medio de tanto barullo no hilvanaste muy bien en sentido de la total conversación...
- Dijo manteca! Y pronunció el nombre de nuestra calle!
- Eso lo sé, querida Flor. Pero también sé, como, asimismo, todo vino de una precedente provocación de otro alguien.
- Ni alguien ni leches! Es un bandido!
- Está bien Flor, dejémoslo ahí. 

A la mañana siguiente, Flor se despertó con prontitud de un terrible y sobrecogedor sueño. De un salto fue corriendo a la nevera y tomó un sorbo de leche directamente de la botella.

Lauren entre dormido y no, simplemente entreabrió el párpado de un ojo. (En este inciso para un inglés como Oscar Wilde parecería importante el hecho de que fuese el derecho o el izquierdo, pero olvidémonos de Oscar Wilde).

- Flor.
Flor??
Hey FLOR!!!

- No lo sé Lauren, he soñado con algo terrible. Creo que una amenaza contumaz se cierne sobre esta nuestra casa!...
- Es por lo de la manteca de anoche? Si es así puedo bajar al pueblo a por algunos lotes más.
- No Lauren! Lo de anoche ya está olvidado, es sólo, ése sueño... Ha sido como un augurio precolombino. Miles de cuervos, gaviotas, buitres, los he visto! Los he visto! anidando justo alrededor de nuestro hogar!
- Flor, sólo fue un sueño, anda, vuelve a la cama conmigo...

Flor se conturbó un poco pero de manera inmediata pensó que no servía de nada alarmarse tanto por una simple corazonada ominosa a las 9 de la mañana.

Así que introdujo de nuevo su ya desteñido cuerpo, aunque todavía apetecible, entre las “alforjas” de la cama con su marido.

Aquel lugar era húmedo y sesgado por corrientes violáceas que poblaban la llamada inmensidad de un verde excesivamente satinado. Colinas densas, arboledas impetuosas, cobijo de fieras y animalitos furtivos. Y en todo esto, Flor consiguió conciliar de nuevo el sueño, mientras su marido tan solo yacía pasiblemente.

Sus rutinas eran:
Animales, con todo lo que eso conlleva, campos con siembra, con todo lo que eso conlleva, un cierto mantenimiento de la casa de manera equilibrada, con todo lo que eso conlleva, y la leña; conseguir la leña suficiente siempre para poder llamar a su nicho un verdadero hogar.

No tenían hijos, es decir, quedarían sin descendencia y algún perdido encontraría su lugar para quién sabe si mejorarlo o empeorarlo. Tal vez por eso Flor seguía tan obsesionada con la manteca.

Y eso es todo.

Agora coged esa manteca, añadidle una H (muda) y apodadla HIPOTECA.

Nada chicos, a trabajar que es gerundio.






ESE PEASO FINAL



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