Justina; O los infortunios de la Virtud

[…]

Así pues, hago otra brecha en el siguiente seto… Éste era más espeso… A medida que avanzaba se hacía más resistentes… Pero eso no me impide abrir el agujero… Y al otro lado encuentro un suelo firme y ningún vestigio de los horrores que había hallado en precedente.

Por fin llego al borde del foso, sin haber tropezado con el muro de que me había hablado Onfalia… Posiblemente no existía y es probable que los monjes lo hubieran inventado para asustarnos aún más.

En terreno más abierto, una vez atravesada la séxtuple muralla, empecé a distinguir mejor los objetos… En seguida vi la iglesia y el edificio adosado a ella… Ambos estaban rodeados por el foso, y tuve buen cuidado de no atravesarlo por allí. Seguí la orilla, y al verme al fin ante uno de los senderos del bosque, me resolví a cruzar y tomar ese camino en cuanto hubiera llegado al otro lado. Era muy profundo, pero por fortuna estaba seco… Como el revestimiento era de ladrillo no había forma de deslizarse, así que me arrojé al interior, de donde tardé algunos minutos en levantarme, aturdida por el golpe… Avanzo por el cauce y llego a la orilla opuesta sin ningún problema, pero ¿cómo escalarla?... Tras de mucho buscar un sitio adecuado, encuentro por fin un lugar en donde algunas piezas desprendidas me ofrecían a la vez la posibilidad de utilizar las otras como escalones y hundir la punta del pie en la tierra para apoyarme…

Había llegado ya casi a la cima, cuando mi propio peso hizo que todo se desmoronara y me precipité de nuevo hacia al fondo arrastrando todos los escombros conmigo… Creía que me había matado, porque aquella caída, al ser involuntaria, había sido mucho más dura que la anterior… Además estaba completamente cubierta de cascotes, y, como había recibido algunos golpes en la cabeza, me pareció tener un montón de huesos rotos… <<¡DIOS! – exclamé desesperada -. ¡Es mejor que no intente avanzar más y permanezca aquí!... Sin duda esto es un aviso del Cielo…  Será mejor que no siga adelante… Seguramente estoy equivocada… Quizá el mal es útil en la Tierra… Y, si su divina voluntad así lo dispone, está claro que es un error enfrentarse a ella…>>.

(…)

Antes del atardecer ya me encontraba en el bosque, y en seguida alcancé el montículo desde donde había descubierto para mi desgracia aquel horrible convento. Allí descanso algunos minutos.
<<¡Ay!... –exclamé-. ¡Era mucho menos culpable cuando dejé este mismo camino el año pasado, guiada por una devoción de la que tan funestamente se han burlado!... ¡Dios mío!... ¡En qué estado me veo ahora!...>>


Pero aquellas negras reflexiones fueron ligeramente calmadas por el hecho de verme libre. Y decidí continuar el viaje hacia Dijon, pensando que era el sitio más adecuado para presentar la denuncia… 

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