EL DESAFIO DE LA VIEJA

La Mari entro en la panaderia como cada dia, pero esta vez, alguna turbiedad le habia tocado pasar la noche antes.

_Ay, lo que llevo encima...
_Que t'ha pasao, Mari...!

_Ay, lo que me ha pasao...
_Pero que t'ha pasao, mujer!

_Ay...

A todo esto en el recinto esta la panadera_pastelera, su ayudanta, y un foraneo que pide un cafe con leche.

Para empezar, la pregunta ya de por si es impertinente. A un suplicio no se responde con dime de donde viene ese suplicio. Es un suplicio y ya esta.

Pero la "otra" quiere saber, quiere despejar dudas, sus dudas. Por si acaso, quien sabe...

Entonces la Mari esboza con la brevedad unica y factible que le permite la situacion una descripcion del hecho un tanto desdibujada y precoz. Entonces postula la "otra" (frase que llevaba mascullando casi desde el inicio):

_Ah! Tomatelo con calma, anda... (Y repite), tomatelo con calma...
_Ay! El que no lo pasa no sabe lo que es.

Este momento es rompedor. Porque sumerge a su adversaria en un letargo ignorante que ademas de casi "nokearla" la embrolla mas.

Entonces interviene la panadera, con suavidad. El curso del negocio sigue su dinamica habitual, pero, la "otra" ya no puede quedarse parada sin mas. Ha de decir algo. Y que se le ocurre?:

_Eso es como lo que me paso el otro dia en el MERCADONA.
_Que te paso? (Incide la Mari)

Sera capaz la otra de hilvanar un relato medianamente digno en arreglo a la tensa situacion creada?

No.

Y empieza a largar algo de unos chorizos, enseguida sale el tema del dinero, luego algo de patatas y para terminar pago la cuenta y me piro del local.

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