El numero UNO

Henchido de pus, en aquel mediodia, abrasante sol, cuello de camisa raspante, sudor rebanyando su frente, calor de asfixia y solo un objetivo.

Sus manos se movian solas, a la perfeccion, como una maquinaria al servicio de un artefacto disenyado para matar.

Quedaban dos, el y otro. Y la gente gritaba el nombre del otro. Sus padres, familiares, amigos... El sin embargo solo tenia eso, sudor, pus y calor. Por todo su cuerpo.

Entonces llego el momento, su adversario hubo de claudicar. Se quedo solo con aquel monton de mierda tetraficada, pesada, ruda e inutil como el viento.

Si, fue el numero uno. Pero nadie acudio a felicitarle o tan siquiera mostrarle un minimo de cordialidad.

Hablamos de Charles Bukowski en el dia de su instruccion militar.

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