LA CARAVANA DE LAS ALMAS MUTANTES


Una huida a la playa daba así comienzo a un trasiego de voces desnutridas. Aquella persiana, en su crujido, despertó la noche.

En un horizonte circular, invisible a esas horas. Como consejos del más allá. Aquel más allá que estudiaban en las escuelas. Pero nocturno y desprovisto.

Allí se desplazaron dos, y luego una, y luego cientos…

Sonambulismo laico, efervescencia robada. Por aquel mar. Aquel mar de ensordecedores presagios que arrancaba la sangre de esos cuerpos a fuerza de brumas y la nada.

Primero tomaron el pueblo, inconscientes, al tiempo que sus caminares se iban derritiendo por cada ramal.


Los llamaron zombies, pero la realidad siempre es mucho más prosaica.

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