MIEDO Y ASCO EN EL EUROPEAN

Me encontraba sentado como de costumbre en el borde de la cama, cabizbajo y gacho. La fortuna en las apuestas no había corrido de mi parte, las latas de cerveza se amontonaban por todos lados, el reloj marcaba las doce del medio día, un día poderoso impregnado de rugiente sol que te hacía sentir aún más miserable; en esa semioscuridad acribillada de rayos que se colaban por el visillo de la cortina como afiladas y violentas dagas apunto de trepanarte con su cegadora luz. Entonces encendí el ordenador, calor sintético, las lucecitas empezaron a parpadear y decidí abrir la ventana dejando paso en mi habitación a la tormenta diurna. Crují los huesos desperezándome y abrí el correo:

“Su clasificación para la gran final del SnowFest mediante PokerStars ha sido procesada por nuestros administradores, enhorabuena y suerte.”

Pensé, no puede ser. Y me desperté.

El corazón me latía con gravedad, un sueño sugestivo, apenas recordaba nada de la noche anterior aunque las latas de cerveza seguían desperdigadas por todas partes, estaba claro, yo era un borracho perdedor que a dos días de la gran final del SnowFest, evento que debía cubrir para la redacción de un periódico suburbano virtual, aún no tenía claro si los calcetines los llevaba o no del revés. 

Me azoré mucho, pensé en el suicidio, luego pensé en las tortitas de maíz, finalmente me detuve un instante y reflexioné sobre a donde me llevaban todo este tipo de pensamientos, así que fui a la nevera. Saqué la leche, abrí un paquete de Marbú Doradas y me puse a masticar como un chacal en aras de una brutal inanición. Tenía hambre.

Después de una ducha rápida, cepillarme los dientes y arrancarme varios pelos de la nariz, volví al dormitorio. Abrí el cajón de la mesita sin pensar ya en nada, sólo quería encontrar unos calzoncillos limpios, recordaba haber olvidado algo pero la cabeza me daba vueltas como una ruleta y la bolita de mi porvenir inmediato no se detenía nunca en ninguna casilla. Dios! Dos billetes de avión destino Salzburgo, Austria. Dos? Claro. Ella...

La llamaría, no lo haría? Sería una gran ocasión para, conocernos mejor? Dios, pensar en esos insignificantes matices opuestos a la más cruda verdad del hombre casi me daba nauseas. Conocernos mejor? Yo ya la conocía, ella me conocía a mí. Tenía su dirección y teléfono, no se dan datos así a un desconocido. Pero claro, había algo, esos ojos como corazones y párpados de trébol. Ese par de ases prominentes en el pecho, esas piernas delgadas y esbeltas que estilizaban a la perfección todo el rombo de su figura corpórea, su cuello fino como el tallo de una margarita, esas cosas, lo que se tiene y lo que se da. Lo que se pierde y lo que se gana, cuando lo que se obtiene es nada.

- Lora?
- Si?
- Soy Ted, qué tal?
- Sentada.
- Oh, bueno. Yo también estoy sentado.
- Muy bien Ted, y a qué se debe tu llamada?
- Los billetes para Austria, recuerdas?
- Oh sí, el snow ése...
- Es un evento increíble y de una emoción casi imposible de describir -salvo por Mahler- las mejores estrellas del poker internacional se sientan en sus mesas de tapiz inmaculado para despedazarse unos a otros como leones en celo. Es, el paroxismo de la competitividad!
- Ya…
- Ya? Oye, lo de Berlín fue un accidente, no nos pasó nada no? 
- Un accidente dices? Ocho tíos enmascarados con metralletas se cuelan como pedro por su casa en un salón donde otros tantos están jugándose millonadas y sólo es un accidente? Más que la peligrosidad lo que me abochornó fue el ridículo.
- Bueno me iré solo.
- Sí, vete solo.

Y colgó. Será.. Pensé. Pues lo tenía claro si se pensaba que me iba a ir solo, al diablo con esa rígida y pretenciosa zorra, dije. Yo me iba a embarcar en el European Poker Tour al lado de la mejor compañía de la que al menos no sólo zalamerías podía esperar. Llamé a mi abogado:

- Riko? 
- Ye Ted..
- Tengo dos billetes de avión para los Alpes esta noche. 
- El Snow?
- Sí.
- Habrá que preparar las provisiones…
- Claro, pero hay que cubrir la noticia. NO OLVIDES la noticia.
- Claro claro, tu lleva tu libretita de apuntes y yo voy con el resto.

A lo que mi amigo se solía referir con ‘preparar las provisiones’ no era nada parecido a algo bueno. Una pitillera llena de cocaína, sesenta gramos de hachís pakistaní, éter, anfetaminas, un poco de hierba, dos huevos de opio y unas cortezas. Le gustaban las cortezas. Lo demás, la reserva que teníamos en el hotel Wofl nos lo proporcionaría con creces, cerveza. Éso y que al ir en primera clase gozáramos de inmunidad, nos daba unas expectativas del viaje bastante excitantes. Y porqué no decirlo, buenas.

El viaje fue raudo, el whisky del avión era suave pero hizo su labor y nos dio un rato de conversación trivial que terminó por animarnos y brindar. POR LA ROUSSO! Alzó él la voz. Hansen la demolería en un full a una carta y sin mirarle las tetas, murmuré yo. YO LA DEMOLERÍA A ELLA! Gritó de nuevo. Pues vamos AAALLLÁ, y contagiado por el entusiasmo de mi colega y el whisky francés del vuelo, grité, ÁBRETE SÉSAMO! Aunque no sé muy bien qué quise decir con eso.

En el hotel teníamos un Pontiac esperando, un taxi nos condujo a él.

- Me pareció ver un lindo gaatitooo..

Las drogas nos debían estar empezando a hacer efecto.

- Riko, no digas gilipolleces. Eso era un buitre.
- Sé lo que digo! No hay buitres en Austria.
- Claro que los hay, verás cuando lleguemos.

Y llegamos, el gran Alpine Palace Card Casino. Encendí un pitillo, le di las llaves al cochero que minuciosamente retiró nuestro vehículo, una gran alfombra roja se extendía a lo largo de toda la entrada principal, los fotógrafos y redactores de prensa se amontonaban por todas partes, las luces brillaban con fogosidad incandescente, una fogosidad que aún cobraba mayor resonancia en el reflejo sobre la inmensa cantidad de escarcha y nieve que anegaba la zona. Debíamos encontrarnos en un stand VIP con mi fotógrafo asignado por el periódico, un tal la Perla que llevaba allí desde el sábado, nosotros llegamos justo para la tercera fase eliminatoria de donde sólo 24 jugadores saldrían indemnes para disputarse el gran premio del viernes, mañana. Podría haber escrito un efusivo poemario sólo con las caras de todos aquellos individuos, desahuciados unos, compungidos los otros, aletargados todos, ebrios de triunfo los menos. Y allí estaba la Perla, en un saloncito modélico, con una pinta de bienaventurado que te daba que pensar sobre si realmente entendía o no de poker. Al vernos brincó de su asiento y corrió a saludarnos.

- Hey, ya estáis aquí! Os habéis perdido unas jornadas verdaderamente colosales. Los jugadores están extasiados, sólo quedan cien y vais a tener la gran ocasión de asistir a la tercera fase encauzada a la gran final de mañana. Un tal Allan Baekke está apuntando muy fuerte, viene de clasificarse online por PokerStars, pero el tío menea las fichas como si tuviese tentáculos por manos, fijaos bien, le salieron los ases de mano y no subió, su contrincante llevaba las QQ y le sube SÓLO a mil quinientos, claro, Allan se lo ve, pero no aprovecha para resubir, en el floop salen DOS Q Y UN As!!!

Pero el éter ya nos estaba haciendo efecto, a diferencia de en las Vegas por esa película de Terry Guilliam, aquí los borrachos no eran bienvenidos, mi abogado acabó vomitando sobre el tapete de una de las mesas finales, yo recuerdo que grité mucho y una avalancha policial se abalanzó sobre nosotros y fuimos reducidos al instante. Acabamos libres pero con un vuelo directo a Valencia en tercera, me desacreditaron para todas las temporadas posibles por haber de cualquier evento PokerStars y en concreto el european. Yo llegué a casa en autobús, me detuve un instante a mirar las cañas del río, el viento era fresco, las colinas sesgadas invitaban a la reflexión después de haber irrumpido en la suntuosidad de los casinos más afamados de la historia. La noche me abrazaría recelosa de mi cuerpo y mi espíritu, puede que al despertar por la mañana todo hubiese sido un nuevo sueño y mi artículo sobre el european jamás haya podido ser concebido, quién sabe. Pero lo que sí está claro es que Allan Baekke ganó, aquel fotógrafo no debía tener tan mal juicio. Ahora sólo queda el vacío, la desidia y la ruina, el poker es así, dijo alguien una vez. Podéis tomarlo a mal o podéis tomarlo a bien, todo esto sólo es humo. Todo aquello sólo es paz.


Es vuestro.

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