PLATERO Y YO (JUAN RAMoN JIMENEZ)

LA FABULA


DESDE nene, Platero, tuve un horror instintivo al apOlogo, como a la iglesia, a la guardia civil, a los toreros y al acordeOn. Los pobres animales, a fuerza de hablar tonterias por la boca de los fabulistas, me parecian tan odiosos como el silencio de las vitrinas hediondas de la clase de Historia Natural. Cada palabra que decian, digo, que decia un senior acatarrado, rasposo y amarillo, me parecia un ojo de cristal, un alambre de ala, un soporte de rama falsa. Luego, cuando vi en los circos de Huelva y Sevilla animales amaestrados, la fAbula, que habia quedado, como las planas y los premios, en el olvido de la escuela dejada, volviO a surgir como una pesadilla desagradable de mi adolescencia.

Hombre ya, PLATERO, un fabulista, Jean de La Fontaine, de quien tu me has escuchado hablar tanto y repetir, me reconcilio con los animales parlantes. Y un verso suyo, a veces, me parecia voz verdadera de grajo, de la paloma o de la cabra. Pero siempre dejaba sin leer la moraleja, ese rabo seco, esa ceniza, esa pluma de Arbol caida del final.

Claro estA, Platero, que tu no eres un burro en el sentido vulgar de la palabra, ni con arreglo a la definicion del diccionario de la Real Academia de la Lengua. Lo eres, si, como yo lo se y lo entiendo. Tu tienes tu idioma y no el mio, como no tengo yo el de la rosa ni esta el del ruisenior. Asi, no temas que vaya yo nunca, como has podido pensar entre mis libros, a hacerte heroe charlatan de una fabulilla, trenzando tu expresion sonora con la de la zorra o el jilguero, para luego deducir, en letra cursiva, la moral fria y vana del apOlogo. No, Platero... 

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