Una de dos

Un calabozo de tortura tiene barritas de chocolate oxidadas, en perpendicular a la libertad. Tiene banyos de semen, pis y sangre. Tiene una division perfecta para dormir. Tambien tiene colchonetas embarradas. Tiene fechas, nombres, amores, humedad y oscuridad. Pero no tiene cordones, ni tabaco, ni mechero o lavabo, ni flores. Solo musgo. Tiene ganas de cantar, de enlazar los crucigramas de las paredes con un llanto en vano. Tiene ganas de dormir y amenazas de la locura con porras y pistolas. Tiene una manyana disecada y una imagen, o dos, para la posteridad, apuntado en la nuca, flasheado en la frente. Un juicio de insomnio, un abogado de escarnio, confusion, encauzado, de plata los ojos de luz cegadora, tiene sospechas, una brecha y la sentencia eterna antes que la perpetua. Morir es facil en un calabozo infrahumano. Sin manos ni mantos. Un equilibrio asesino, carisma de esclavo. Humo de gasoil se filtra sin miramiento hacia los excluidos. Sin testigos.

Un manicomio tiene luz blanca, ojos de serrin, neblina olorosa de rosas de cera. Tambien tiene pinchazos en el culo y el pecho. Tiene atracos, esquizofrenia, pArpados, lujuria, jabon color meado para frotarte las heridas. Luz negra, preguntas, sobretodo preguntas. Buhos cazados, colgados, y privilegios de comadreja vieja. Cautela, derrivos, fusibles rotos, camas rigidas y suenyo para despiertas caras. No mas, no hay color, ni color, ni frio, ni viento, ni bailes, ni trajes. Solo una diferencia, cual es la duda.

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