CAPITULO OCHO

(Los canales en tierra y la toma de roles)

Dicen que la policía es la mayor mafia del mundo. Mienten, son las hormigas. Ellas elaboran logros mediante los cuales, en proporción a sus reducidas dimensiones, hacen sonrojar a los antiguos egipcios y no solamente en cuanto a diversidad arquitectónica sino también en cuanto a polivalencia estructural, belleza, compenetración y saber estar. Estos son pues los +atributos+ de una banda armada. No hay más. El resto no son bandas, son fetiches de fogueo con los que consolar a unos pocos desgraciados llamados +victimas+ o +verdugos+. Para mayor información espero que en un futuro se programen excursiones escolares a penitenciarias diversas. Es realmente educativo a todos los niveles, sin sarcasmos.

Pues bien, nosotros, a estas, las magnas, las todopoderosas caminantes en fila y telepáticas cosas, les hicimos sombra. Y no solo eso. Por un tiempo, escasos minutos tal vez, creimos y nos sentimos conocedores de sus estratagemas aniquilándolas con sistemas de canalizaciones precisos mediante los cuales en.. +El Famoso Terraplen en pendiente con vistas al rio, claro esta, vallado+, fuimos capaces de diseñar cauces a base de excavaciones manuales embarrándonos hasta los tuétanos y cayendo en el riesgo de volver a la tarde a clase perdidos, estilísticamente hablando. Esos canales partian de la idea simple de que el agua siempre corre hacia abajo si la desembocas con suficiente caudal sobre un iniciático socavón escarbado a conciencia en una zona elevada. De El, ramificábamos distintos canales hasta tratar de llegar lo mas lejos posible en su complejidad de recorrido y forma. Y, la verdad, aquello SI que era realmente BRILLANTE. Teniamos unas tres horas de comedor de las cuales media se nos iba en, obviamente, comer. A mi cuando de postre tocaba LECHE, quizá un tanto mas. Odiaba la leche, no ya por su esencia sino por su imposición e impertinencia docente a la hora de hacértela tragar si o si. Con la sopa me sucedia menos, pero el sopapo que me llevE un dia en todo el cogote tragándome hasta el plato de un solo golpe y mas alla, me reafirmO en mis convicciones. Y el caso es que, como es evidente, cada uno escarbaba el suyo. Cada uno elucubraba su propio caudal, claro, pero… El momento mas mágico, el mas efusivo y tal vez el mas deseado.. Era el del vuelco de la bolsa de chucherías vacia y llenada en una de las miseras fuentes haciendo con extrema delicadeza el recorrido desde una de estas hasta el boquete terráqueo que, asiéndola con una mano por el cuello y con la otra sosteniéndola por la base, ya digo, con mucha precaucion, habíamos de realizar. Pues la mayoría de bolsas venían agujereadas y no era menester derramar ni un solo apice del tan valioso liquido sacramental que, además, nos concedería la gran oportunidad de verla, no exenta de cierto salvajismo, trasegar por los canales con una brutalidad solo digna de una percepción microscópica o, en este caso, infantil.


Aquello nos ensenyo mucho, a mi por lo menos. Y si ahora soy capaz de estimar un promedio de lluvia mensual simplemente a ojo, es en gran parte a aquellas lecciones que jamás dentro del aula nadie me quiso revelar por ensalzar a Pitagoras antes que a Pablo Marmol. Curiosamente…  

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