LA SENTENCIA QUE DIO UN CARDENAL A LOS CANONIGOS DE PARIS Y A LOS FRANCISCANOS


Otro día, hablando el conde Lucanor con Patronio, su consejero, dijo lo siguiente:
-Patronio, un amigo mío y yo queremos hacer una cosa que nos conviene mucho a los dos; yo podría hacerla en este momento, pero no me atrevo por no estar él. Por el buen entendimiento que Dios os dio os ruego que me aconsejéis sobre esto.
-Señor conde Lucanor- respondió Patronio -, para que hagáis en esto lo que más os conviene me gustaría que supierais lo que sucedió a los canónigos de París y a los franciscanos.
El conde le pidió que se lo contara.
-Señor conde Lucanor- comenzó Patronio -, los canónigos decían que puesto que la catedral era lo más importante, ellos debían tocar las horas antes que nadie; los frailes alegaban tener que estudiar y levantarse a cantar maitines y que perdían horas de trabajo si se retrasaban; además que, por ser exentos, no tenían obligación de esperar a nadie.
El pleito duró mucho y costó mucho dinero a entrambas partes. Al fin, un papa nuevo encargó de él a un cardenal y le mandó que lo sentenciara sin más tardanza. El cardenal hizo que le trajeran el proceso, que era tan grande que solo su volumen espantaba. Cuando el cardenal tuvo delante todos los autos, les señaló día para que vinieran a oír la sentencia. Al llegar el día, el cardenal hizo quemar delante de los interesados todos los papeles y les dijo asi:
-Amigos, este pleito ha durado ya mucho y habéis gastado en él mucho dinero; por lo cual yo no lo prolongo más y doy por sentencia que el que se despierte antes toque antes.
A vos, señor conde, si la cosa es conveniente para los dos y la podéis hacer, os aconsejo que la hagáis y no perdáis tiempo, pues muchas veces se pierden las cosas por aplazarlas, y después, cuando uno querría hacerlas, ya no se puede.

Al  conde le pareció éste un buen consejo, y lo hizo así y le salió muy bien.

Viendo Don Juan que este cuento era bueno, lo hizo poner en este libro y escribió unos versos que dicen así:

Si algo que te conviene puedes hacer,
no hagas con dilaciones que se pueda perder.


(Y añadió Ismael Fita Carrión: Un auto es un auto, una sentencia es una sentencia, un proceso no más que una simple circunferencia. Perdidos en la burocracia de esos procesos de “volumen tan grande que solo su vista espanta” la justicia española a día de hoy se halla inmersa. Asuntos como el catalán, la violencia de género, BÁRCENAS... etc, no son ya la consecuencia de un delito sino que han pasado a convertirse en el mismo delito en sí a fuerza de agrandar, ahondar y sumirse en la sin razón de unas leyes, en principio, básicas. No seré yo “ese cardenal” incendiario, pero la verdad siempre es la que más al alcance de la mano está. Hagan juego)

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