CAPITULO SIETE (EL CÍRCULO DE FUEGO Y EL JUEZ DEL PELO ROJO)

+Flores+, llaman los mafiosos a la muerte más cruel. La implantada desde +la cagada+, y que, siempre, un patriarca se encarga de encomendarla. Suele ser ejecutada por tipos +tortuga+, de los que serían capaces de aniquilar a la banda de bellacos callejeros más vil y retorcida del mismísimo Brooklyn. Pero en este +cuento+, tratamos simplemente de un patio de colegio, donde, tal vez, en sus jardines, más bien, +terraplen+, no sólo flores, sino también aguaceros y ríos acompañados por una gruesa palmera tanteé.

Y en el círculo del campo de futbito se dio una batalla. Una feral batalla, quizás, la más auténtica y bestial que ningún +mafioso+ haya podido nunca en sus entrañas imaginar. Y yo digo, si sales de esa, cagar cuchillas de afeitar por el ojal no sólo es cosa liviana, además, también marrana. Y ya digo, si sales de esa, es porque has escogido el camino de la pulcritud, esa, que un Padrino postrado, moribundo y seco de estertores jamás podrá apreciar. Para ello tienen a +sus matones+.

Y dos chicos se enfrentaron en aquel círculo. Las reglas eran sencillas.. Estáis solos nenes, A MUERTE. El que se salga del aro, patada en el ojete.

Lo más curioso llegó cuando, los dos jóvenes, rendidos, abatidos, a punto de sonar la sirena de volver a clase, de nuevo en periodo del comedor, no pudieron soportarlo más. Y sin saberse también muy bien por qué, en sus últimos suspiros a un abrazo desconsolado se entregaron el uno con el otro. 

Yo era cacique de uno de ellos, mi mejor amigo por aquel entonces. El malo, mayor y gamberrete del cole, del otro y a la vez árbitro a la par que juez de ambos. Y ante ese abrazo, ante esa muestra de nobleza, +he de confesar que las reglas del juego no eran limpias debido a los roles mencionados en dicha circunstancia+, el juez del pelo rojo lamentó con profundo asco y total mezquindad lo que él consideró como ausencia de valor por parte de los extasiados infantes. Yo, por mi parte, como era habitual, no comprendí. O sí... Sea como fuere, la clase había de continuar y yo, a aquello, lo rotulé en mi mente como +un verdadero final+.


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