EL ABISMO DE LAS MONEDAS

Es toda una responsabilidad. Relatar es una responsabilidad. Puedes pensar, me resulta fácil. O no doy una. Y cuando la descoordinación infatuada te lleva a la relectura que termina en la hoguera, la frustración puede ser letal. Hey, tienes un gran potencial, deberías hacer algo. Pero la creatividad no va contigo, si acaso unas cuantas copias de más copias y más copias removidas. Transitas con el corazón en un puño, las 24 horas. Y sabes que eres todo corazón porque pronto explotará. Vienes de bailar con la muerte, vaya episodio de dos pares. La convalecencia es así. Un año caótico lo precede. Ha sido sin duda un punto de inflexión, y sin duda a mejor. Necesitaba un buen despabile. Y la sabiduría de la dama de la guadaña ha sido pertinente. No obstante ciertos achaques se mantienen. Mi voz se ha pelado, mi parquedad mental sigue atorada. Soy así, no puedo decir más. Una vez fui un rayo atravesando árboles, luego me encerraron. Una vez estuve enamorado hasta la muerte y una vez morí por no estarlo. Si los dioses me han tratado o no bien aún es pronto para decirlo. Quizá ello sea una forma de esperanza. Y está bien, porque me siento bien hilvanando ciertas cosas. Pero el caso es que ahí estaba ella, la prueba del dinero. Para los que no estamos acostumbrados al poder el dinero tiene precisamente eso, mucho poder. Un poder sobretodo abstracto y psicológico. Porque qué es? Simple y prescindible materia. Pero se aferra a tu espalda, te clava las garras y hasta te doblega. Eso me acabaría pasando a mí cuando introduje la primera moneda. Dicen que el dinero te puede acabar apartando de la realidad, pero la miseria no es menos alienante. Y el término medio es un remanso estéril de paz. Por eso lo mejor es no emplear los bienes gananciales terminológicamente. Vivir con lo que se puede y ya está. Nada, el primer euro se pierde en el abismo de las monedas. Vamos con otro. Nada, nada, nada, dos bonos. Otro. Subimos. Línea. No da juego, sumamos 5 bonos. Dos veces más el mismo resultado hasta que por fin... juego. No ha estado mal, acabamos de sacar 40 pavos, y la cosa sigue. Está cachonda. Quiere darme 40 más pero hay un interruptus que me lo deja en la mitad. Ya he empezado a notar el jugo de la victoria en forma de tensión, como un tiento de énfasis. Ya no tengo nada en qué malgastarlo, he reducido casi a la nulidad los vicios, no necesito el dinero, pero el dinero es así y aún sin causa despliega su sombra ominosa sobre mi conciencia. Han salido un buen puñado de monedas que reposan en la bandeja de la máquina. Ahora toca recogerlas en masa y volcarlas sobre la barra del bar para traducirlas en billetes. Y aquí es donde está la prueba. Tedioso como nada la faena de construir las torres de monedas. Tanto que me flaquean las piernas, cuantas más monedas veo más me azoro, no me siento dichoso en absoluto. Es más, me doy cuenta de la condena. Percibo el peso de los grilletes dorados de esta sociedad. Disimulo. Me guardo mis billetes en la cartera y salgo del bar.

Comentarios

Entradas populares