ODISEA GRIEGA

- Jovenes! Ya que todos habeis recreado vuestro animo con los juegos, venid a palacio y dispondremos la cena, pues conviene que se tome en tiempo oportuno.

Asi les hablO; y ellos se levantaron y obedecieron sus palabras. Llegados al comodo palacio dejaron sus mantas en sillas y sillones y sacrificaron ovejas muy viejas, cabras, puercos gordos y una gregal vaca, aparejando con ello un banquete.

En esto, disponianse Ulisess y el divinal porquerizo a partir del campo hacia la ciudad. Y el porquerizo mayor de los pastores comenzO a decir:

- Huesped! Ya que deseas encaminarte hoy mismo a la ciudad, como lo ordenO mi senior -yo preferiria que permanecieses aqui para guardar los establos; mas respeto a aquel y temo que me exhorte, y las increpaciones de los amos son muy pesadas- ea, vamonos ahora, que ya pasO la mayor parte del dia y pronto vendra la tarde y sentiras el fresco.

Respondiole el ingenioso Ulisess:

- Entiendo, me hago cargo, se lo mandas a quien te comprende. Vamos, pues, y guiame hasta donde lleguemos. Y si has cortado algun bastOn, damelo para apoyarme, que os oigo decir que la senda es muy resbaladiza.

Dijo; y echose al hombro el astrozo zurrOn lleno de agujeros, con su correa retorcida. Eumeo le entregO el palo que precisaba, y seguidamente emprendieron el camino. QuedAronse alli, custodiando la majada, los perros y los pastores, mientras Eumeo conducia hacia la ciudad a su Rey, transformado en viejo y miserable mendigo, que se apoyaba en el bastOn y llevaba el cuerpo entrapado con feas vestiduras.

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