Diario de Justine segunda parte

Era ya el segundo dia y el temor de que me persiguieran había desaparecido… hacía un calor sofocante, y siguiendo mi costumbre de ahorrar me había alejado de la carretera para buscar un refugio donde hacer una frugal colación que me permitiera aguantar hasta la noche…

Un bosquecito, situado a la derecha del camino y atravesado por un arroyo claro, me pareció el lugar idóneo.

Tras haber apagado la sed con aquel agua pura y fresca y haber comido un poco de pan, sentada al pie de un árbol que me servía de apoyo, me dejé inundar por el aire limpio y sereno que me libraba del cansancio acumulado y me relajaba…

Entonces me puse a reflexionar sobre aquella fatalidad, casi única, que, a pesar de los escollos con que tropezaba en el camino de la Virtud, me hacía volver siempre, pasara lo que pasara, al culto de esa divinidad y a los actos de amor y resignación hacia el Ser Supremo del que ella emana y a cuya imagen ha sido hecha.

Una especie de entusiasmo se apoderaba de mi… <<Ay! –me decía-, el buen Dios que adoro nunca me abandona, porque incluso ahora mismo acabo de encontrar los medios para reparar fuerzas… ¿y no es a El a quien se lo debo?... Sin embargo, existen seres a los que se niega ese bien… Por lo tanto, no soy totalmente desgraciada, porque hay más gente más digna de lástima que yo… ¿Acaso no tengo más suerte que las desdichadas que se han quedado en ese antro de perdición del que Dios me 
ha ayudado a salir como por milagro?...>>


Llena de agradecimiento, me había puesto de rodillas… Y, mientras contemplaba el sol, como la más bella obra de la divinidad y el mejor reflejo de su grandeza, encontrando nuevos motivos para orar y dar gracias en la sublimidad del astro, de pronto, me siento cogida por dos hombres que me cubren la cabeza para impedirme ver y gritar, me atan como a una criminal y me arrastran consigo sin pronunciar una sola palabra…

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