NUNCA ME HAN BESADO

Y allí, en aquella sala, al quedarse solos, ella se lo pidió:

- Nunca me han besado...

Y él, muy solícito, obró un gesto de caridad sin igual.

Sintió la punzada en la entrepierna...

- Bueno ya, tenemos que parar.

Para no haberla'n besado nunca ha pillado la directa muy bien; se dijo.

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