Dios no existe en un sentido figurado, sino literal.


Es decir, en su mención, es como la música, amansa las fieras y se establece de conexión entre los seres humanos. Solo así puede subyacer el verdadero respeto y concienciación de los seres humanos ante su propia incapacidad de resolver ciertas cuestiones.

Existe en todas las culturas, patrocina todos los proverbios, y se extiende de un modo u otro hasta cada rincón y confín del llamado universo.

Por eso cuando el jefe indio Seattle le escribe al que quiere comprar sus tierras, apunta que lo que él no sabe es que su Dios es el mismo que el de ellos. Porque las últimas palabras al este despedirse seguramente fueron "vaya con dios" y su sonoridad se produjo con total apacibilidad. Muy, muy lejos de todo conflicto contextual.

Solo eso pudo llevarlo a escribir esa carta, un escepticismo necesario y nacido de la equidad.

Comentarios

Entradas populares