El pueblo de las cabezas sin sombrero

MESTALLA, 5 de la mañana:


-Hombre! San Pedro! Sí que madrugas tú también.
-Hola, hola.

San Pedro se encuentra sentado y medio aterido en el banco de hierro que está justo enfrente de la persiana y terraza aún cerrada del bar.

-Esto es el paraíso, San Pedro??
-Hola, hola.

San Pedro, a pesar de ser un vagabundo más y tarado del pueblo porta un buen abrigo. El alba es fresco.

-Y a qué hora abren, San Pedro?
-A las seis. A las seis.

-Pues aún nos queda un ratito de estar aquí esperando...
-A las seis. A las seis.

San Pedro, siempre transita como un satélite por las calles del pueblo con las manos cogidas a la espalda. Agarra fuerte el dedo meñique de su mano izquierda con su mano derecha, y deja su índice derecho suelto.

-Me invitas a un café!?
-Eso es lo que vale cruzar las puertas del cielo?
-Con coñac! Con coñac!
-Ah bueno, con coñac. Eso ya es otra cosa.

Nuestro aspirante está cansado. Una suerte de sátiro escéptico que hace mucho dejó atrás los convencionalismos de una sociedad muerta. Así que, prueba a incidir un poco.

-Con quién vives, San Pedro?
-Con mi hermana. Con mi hermana.

-Y ella no te deja dinero ni para desayunar?

San Pedro se levanta de súbito en una especie de aspaviento y tratando de retirarse haciendo frente a una fuerza gravitacional que de manera opuesta lo empuja a su posición inicial.

-Bueno, a las seis, eh. A las seis.
-Sí hombre, San Pedro. Ya te vas??

Y se retira queriendo alejarse más; y se detiene.

-Un café. Un café.
-Que sí hombre.
-Con coñac. Con coñac.
-Con coñac.

Y un poco más lejos todavía hace su última detención antes de retirarse a lo lejos en dirección oblicua a dicha estancia por donde la boca del metro.

-A las seis. A las seis.


ARAGÓN, 5:30 de la mañana:

-Buenos días. Café con leche.

La dueña se lo sirve con premura y sale fuera a la repisa de la ventana para poder tomarlo mientras chama un pitillo.

-Va a hacer fresco hoy...
-Buah, yo he trabajao veinte años de portuario, esto no es ná.
-Yo es que vengo del Mestalla y ahí no han abierto aún.
-No han abierto? Que a qué hora abre ahí?
-A las seis me ha dicho...
-Je, por ahí hay uno que está como una chota. Va por ahí pidiendo cigarros a tol que encuentra.
-Ah sí?
-Sí, si lo ves enseguida sabrás quién es. Menudo elemento.
-Uno así con el pelo rizado y medio rubiete?
-No sé, pero se le va cayendo la baba y tó. Un personaje.
-Que también suele pedir que le invites a un café?
-Ése! Ése!
-Pues ese es San Pedro.
(Stop)
-No me jooodaaaassss!!!


Y en esto que el portuario se bloquea de súbito. Su aspecto no es de buen agüero, para qué negarlo. Pasaría perfectamente por un hombre de bien porque los hombres de bien de hoy en día basta con que vayan bien repeinados para serlo.

El silencio de este lapso marca ahora sus facciones completamente sorprendidas antecediendo a una perorata que empezará nacida del puro remordimiento.

Nuestro aspirante termina su café con leche y cigarro, accede de nuevo al interior para servirse ahora una copa de anís. El portuario lo sigue y se pone como a metro y medio de él. En el extremo casi de la barra lo más cercano a la ventana.

-Me cago en Dios Mari! Que tú sabes que yo soy buena persona. Dios, dios, dios. Ponme otro chupito, joder. Mari, si yo he trabajao toda mi puta vida como un negro. Venga Mari, que nosotros nos conocemos de hace mucho...

La dueña (supuesta Mari), advierte algo 'raro' en todo este nuevo comportamiento que se le sobreviene al otro lado de la barra que ella regenta. Lo cierto es que no hace mucho caso al tipo, le sirve su mejunje y algo suspicaz a la par que escéptica prosigue con su labor habitual.



Nuestro aspirante se va. No necesita más. Ésta y miles de historias semejantes se dan cada día, a cada segundo, en cada uno de los rincones de nuestro mundo. Es un poco triste, y también gracioso. Claro, todo está en el prisma de la barra de donde se mire.




The End







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