Diario de un guerrero (Capítulo 2)

"Cuando conoces a alguien nuevo lo primero es mirarte a ti. Y luego lo miras a él. Pero primero mirarte a ti.

Tener que venirme a Picaña porque en mi pueblo no hay bares de madrugadores... Es de suponer que allí Dios no ayuda a nadie.

...Y los buenos aromas penetrantes de los currelas recién acicalados... Estos fueron buenos tiempos sin duda...

...Y la algarabía clásica: lugares en los que se pone la Civil, anécdotas al respecto, cocaína y juergas remotas, legañas al servicio del deber, traga-perras musicales, carajillos tomados de un sorbo, optimismo veterano... En fin, las mañanas del currante, del verdadero currante y camarada, son singularmente especiales."

Vuelvo al hogar. Son las 6:50 de la mañana. Traté de elaborar un post para Facebook desde la terraza de aquel bar, pero hoy en día no es que exista la censura, es que existe la acusación directa en forma penal. Ha sido mejor desistir ante la complicada labor de refinar en exceso mis palabras. El motivo meramente político. Un descontento fehaciente contra las gentes de Pablo Iglesias y sus secuaces. Gente canallesca, decadente, ruin. Sin embargo el Pueblo siempre tiene la razón y ahí se han encaramado cuatro aprovechados de un verbo grandilocuente aunque tremendamente soez. Soez para los principios de la verdadera clase obrera.

En fin, los pájaros siguen dando su función orquestal para configurar una mañana que comienza lánguida en un Domingo más. Miro a mi alrededor y sólo veo gente enfrascada en una ausencia delatora. También los hay buenos, como el tío Parrull, un hombre que sabe dónde se encuentra, lo que tiene y lo que merece la pena. Un tiempo atrás se coló en el bar de la esquina tratando de venderle una herradura de madera al dueño. "Para qué quiero yo eso", replicó éste. "Trae suerte!", apeló él.

Fumaremos pues, el tabaco que nunca falte. Hasta el profesor Linderbrock se cuidó bien de llevarlo en su expedición hasta el Centro de la Tierra. Cuestiones y conceptos que en esta era moderna se están perdiendo.

Trajano me espera a las célebres puertas de la novela de Posteguillo. Fue curiosa aquella Roma. Tiempos de acción, de inevitable acción. Observo su portada y veo allá rivales dignos, en un contexto no tan descabellado como se pudiera pensar...

Comentarios

Entradas populares