Diario de un guerrero (Capítulo 4: La senda del tiempo)

Noche tibia y desvelada. Una bella y dulce mujer ha irrumpido en mis pensamientos. Mis evocaciones, más bien. Le mostré este amanecer, golondrinas sagaces de vuelos altos y rasantes se debaten con los tortuosos murciélagos por suplantar su presencia nocturna en el día. Ella se mostró práctica, haciendo observaciones hacia la utilidad de los enseres que guardo en el garaje.

"Los desiertos del dolor; y las montañas de la desesperación", reza la canción. Y la metáfora no puede ser más acertada. La estepa árida y sofocante. Las montañas obstaculizantes en su monumentalidad.

Afortunadamente he conseguido dormir unas horas en la mañana. Estoy pleno, algo erosionado pero consciente. La melancolía apenas es un atisbo más de dulzor. La vida sigue...

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