Diario de un guerrero (Capítulo 9: los ajos, la casa de Bernarda al alba. (continuará))


los ajos, la casa de bernarda al alba. (continuará)


el coche de sénfir es un tdi amarillo. recoge a su prima, rubia, y se van a cruzar la mancha. viaje raudo, sin estancias. al abandonar las colinas sólo trigo y molinos. llegan, los reciben; una rubia también, ojos azules, nunca se casó. su hermana sí. su hermana está muerta. vivían en la misma casa, ella la enterró. ahora está sola y requiere atención psiquiátrica. ella no lo sabe, pero el monstruo no está fuera, es su casa. entras, mano derecha, habitáculo con cama matrimonial, mano izquierda escalera. tres o cuatro pasos más de recibidor y mesa redonda. con mantel de macramé. ese 'recinto' es muy minúsculo. ahí hace la vida. sin embargo las paredes aún lo son más. fotografías, muchas, demasiadas, sin cronología alguna, por todas partes. enseres, 'oro', chimenea, dos sofacitos transversales, un cuadro grande de ciervos en el bosque, tono general naranja. y sobretodo esa fotografía. esa. sénfir le pregunta, -y esa foto...? por qué tiene un demonio la cara del novio tapándosela?-. Alba responde, con desprecio disimulado, - ése? ah! no sé-. se harán amigos. sénfir la llevará todos los días al supermercado a comprar. ella lo guarda todo en la nevera, una nevera que rezuma mierda y apesta. la prima no hace nada, la habitación cedida para ella es aún más tenebrosa, ella tampoco lo sabe, sólo está de... vacaciones. asi que salen fuera, el espacio es magnífico, libertad, pura y dura libertad. se sientan en el bordillo de la acera. suena el movil, ella lo coge, se engancha y comienza a llorar. a moco tendido. sénfir... escucha, porque mirar ya lo ha visto tantas veces... Esa noche la culminan en una cervecería brindando. el aire es increíblemente fresco. la noche comunal, apacible, densa, suave, una maravilla. vuelven a la casa, senfir debe dormir, no le causa problema alguno, fuera y en cama ajena siempre duerme bien. le ha salido un quiste en la rabadilla, principio de 'cola'. lo revienta retorciéndose de dolor y palpando la sangre, se desmorona y duerme. ella también duerme, es cabeza borradora.

mañana siguiente. Alba a primera hora en pie. A cabeza le cuesta más levantarse, y según ella misma sentencia, no piensa hacerle a esa vieja las faenas de la casa sólo por ser ella misma una mujer. sénfir prepara el desayuno. Alba y cabeza no conectan. la impasibilidad de una es contrastada con la atención suspicaz de la otra. se dirigen al súper. alba compra sin juicio ni tino, sénfir permite. cabeza se queda en la casa. error. u, horror. las cosas empiezan a irse de madre. de repente la dueña del garito parece cabeza y alba una simple inquilina descontenta. llega la doctora. llantos, quejidos, medicinas, sénfir atiende y escucha. quizá entre los dos puedan hacer remontar algo. alba pulula como un zombie, sénfir la reconoce. sénfir estuvo así. y sólo necesitaba eso, comprensión o... compresión. esto cabeza no lo percibe, y se encara con alba. cuatro ojos azules rubios en disputa. alba es de unos 70 años. también permite. cabeza sale airosa y más decidida.

segunda noche. sénfir encuentra una opinel diminuta rebuscando los recobecos del lugar, en su dormitorio. se la queda. al despertar, nuevamente, súper, potingues, a la vuelta nuevamente, disputa. sénfir toma aire. deja atrás el habitáculo de la mesa redonda para acceder a la cocina angosta que lleva al dormitorio matrimonial de cabeza (purpúreo). antes, justo a la izquierda, otro desvío. esta habitación es indescriptible. es una habitación solar. tipola Alambra de granada. y da a un huerto que más allá se convierte en garaje. sénfir pasea, tranquilo, observando. y justo enfrente, entre matojos y despojos plagados de telarañas está esa mecedora. sin desembalar. Albar Alto, diseñador (tipo esquies). Sénfir lo reconoce todo al segundo, y no da crédito. en el garaje más mierda, pero mierda altisonante. todo tipo de utensilios empleados antiguamente para el trabajo en la estepa. alba trabajó toda su vida allí. a alba se le nota, ese caracter, duro, complaciente, atrevido, fuerte. pero, para respuestas al polvo que emanan todos aquellos trastos, o, más bien que dejaron de emanar. sénfir no quiere preguntar, no quiere romances, no necesita más. cabeza, mira la tele.

y al despedirse, sénfir juega su mejor baza, la religión. - venga alba, nos vamos, y no se preocupe mujer, que ésto! (golpea su hombro derecho con la palma de su mano derecha)es mano de santo-. -EL QUÉ???-. alba sube la cabeza y conecta con la mirada de sénfir. sénfir repite con una leve sonrisa -Ésto...-. Despedida y cierre.
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