LA CELDA



Era un chico, sí era un chico. Rozaba la treintena pero nunca había hecho nada que pudiera otorgarle los honores de ser un hombre. Sólo una cosa, estuvo con una mujer de cuarenta. Pero esto no hacía sino confirmar su niñez, su rostro compungido, su minusvalía ante el proceso derredor de la vida. Tuvo aspiraciones, claro, y sueños, y esa cosa que llaman amor, amor por todo cuanto a uno rodea, por supuesto que lo tuvo. Sencillamente algo lo mancilló. Podríamos hablar de su infancia, de su adolescencia, patética y sin sabor. Pero no, lo único que para esta historia importa de él es que sencillamente era un chico, un buen chico, diríase.

Y el chico gritó mientras cinco policías se abalanzaban sobre él para reducirle al instante. El chico miró a los balcones de las casas, toda la gente asomada, dos niños en bicicleta, un perro, cuatro coches patrulla, un golpe, dos coches accidentados, un sencillo golpe, magulladuras leves, nada más, y sobretodo gente. Toda la gente al abasto de una situación ridícula y absurda. Un leve golpe.

Y de ahí a la celda. Una celda de castigo. Barrotes oxidados, humedad, baldosas frías, una raída colchoneta, y solo una perspectiva. Unidireccional, vista al frente, sólo luz de frente, detrás, sólo oscuridad. "Como un perro..." se lamentaba el tercero que llegó. El primero un moro. Camino a la extradición seguramente. Y él en medio, en su minúscula celda de dos alturas seccionadas por la mitad, plagada de firmas en el techo, de mucosidades en las paredes, de moho en los rincones. Ataviado con tal solo una chupa de falso cuero sobre una camiseta, pantalones y zapatillas sin cordones los cuales le hicieron quitar. Tenía frío, rechazó la manta andrajosa que le ofrecieron los guardias. Y habló con el moro.

- de dónde eres?
- Marruecos.
- Jodido eh..
- Se..
- Suerte.
- Se..

Y habló con el perro.

- como un perro...
- a los perros se les cuida mejor.
- como un perro...
- y qué has hecho.
- Venía con mi mujer y nos pararon. Y la he dejado ahí sola, y ahora estoy aquí, como un perro. Y mañana yo no sé si ella va a estar, podría estar durmiendo ahora con ella, caliente y bien, y ni un cigarrillo con un café caliente. Como un perro...
- Yo dicen que no quise soplar, tuve un accidente.
- Yo igual, por la mierda esa.
- Me ha dicho el guardia que luego me daría un café y podría fumarme un piti, pero ya no creo que se acuerde.
- Je, dalo por seguro.
- Se está bastante mal aquí.
- Se...

Y él no sabía porqué se sentía extrañamente familiarizado con aquellos dos prisioneros, no había nada extraordinario en sus relaciones, salvo la coincidencia de compartir aquella condición. Pero a él aquellas dos personas le dieron aliento, y cálido aliento. No podía dormir sobre las baldosas de vestuario de las que estaba hecha el interior de la celda. Así que, "soy un preso, por qué no".

- EEEEEEEEEEEEEEHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

PAM! PAM! PAM! (golpes a los barrotes)

- EEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!!!!!!!!!!!

PAM! PAM! PAM! (patadas y puñetazos)

- QUÉ COÑO PASA AHÍ!!!!
- MESTOY MEANNNNNNNNDO!!!!
- QUÉ MIERDAS...

(por la ventana de justo enfrente se atisba la silueta de un policía que estaría de guardia saliendo por una puerta y dirigiéndose hacia el compartimento de las celdas, tras atravesar un garaje)

- Qué quieres?
- Mestoy meando.
- No has meado antes?
- No.
- Y por qué no meas antes, joder.

Después de mear el chico es dirigido de nuevo hacia su celda. Habría tratado de mediar algo con aquella gente si sólo un ápice de esperanza en su haber hubiese experimentado al respecto de sus posibilidades. Decirles que aquello no era normal, que podían retenerlos pero no era necesario que los confinasen a ese tipo de condiciones. Que prometía por todas las de la ley que si le daban un café y un cigarrillo y se sentaba con ellos ahí dentro, en la oficina o aunque fuese fuera, que no iba a tratar de escaparse ni forcejear con nadie, ni cometer ninguna extorsión sobre la que pudieran recelar. Si al día siguiente tendría un juicio no había porqué tomar medidas tan drásticas respecto a su persona, "por lo penal" habrían pensado ellos. Sí, pero qué era lo penal en aquellas circunstancias. Que simplemente nos mirasen, pero... Qué gilipollez. La ley estaba montada y cabalgada, no había fisuras, no había sentimientos.

Se tumbó en el suelo. Miró, el techo. "jose y sonia, para siempre" "Liriki, Mella, Nani" "Prefiero morir de pie que..", "Antonio, Anselmo" "Guirado, Tomás" "Manu x Sara" "Te quiero Juani" y un sinfín de pintadas más hechas a mechero. Él ni siquiera tenía eso, lo habían dejado pelado del todo. Se entretuvo un rato leyendo casi todos los nombres, no decían gran cosa, pero no obstante algo se dejaba entrever en todo aquello. Por ahí había pasado alguien. Firmas de hace décadas, se inspiraba cierta nostalgia. Al chico le dio algo de repugnancia, pensó que algo tan dramático en sus vidas acontecido al verse recluidos allí y no se les ocurría otra cosa que dejar tras su paso en la lúgubre estancia una inútil firma, egocéntrica y descuidada, una gran mierda que trataba de aparentar el poso de un devenir, de algo imperecedero, algo por lo que tal vez llorar, o sentir, pero no. Era plano, falto de estilo, insípido, atufaba a resignación, y ni tan siquiera, atufaba a mediocridad. Así pensó el chico, y así se lo propuso, cantando. Y empezó a cantar uniendo los nombres de los arriba firmantes, e hilvanando ciertas frases que pretendían ser pequeñas historias, sobretodo basándose en rimas, y sobretodo alzando por todo lo alto su sonoridad. El guardia apareció de nuevo.

- pero qué coño pasa ahí!!???
- No puedo dormir.
- Pues te tumbas ahí de una puta vez y duermes!!!
- Pero... - y miró afligidamente al guardia. A éste se le entrevió cierta compasión en el rostro, entonces el chico aprovechó para lamentar... - pero, cómo voy a dormir ahí? Es imposible dormir ahí...-
- mms... tienes razón, joder, lo siento pero es lo que hay. Tienes razón, yo tampoco podría dormir ahí, pero la ley es así, piensa que sólo será esta noche. Nadie tiene la culpa.- Y esto, la última frase, de súbito, despertó al chico de su letargo miserable.

- La culpa la tenéis vosotros que tenéis el crimen delante y no hacéis nada por evitarlo!!!
- CÓMO!!??? MECAGOENLAHOSTIAPUTAYA DE UNA VEZ CONTIGO, me parece que tú y yo la vamos a tener. Cállate o verás. (y se fue)

El chico sintió un triunfo embriagante, zás! Lo había trastornado, o al menos había hecho aflorar su verdad, su flagrante verdad, la policía estaba enferma, no le quedaba duda alguna, se tiró en el suelo, plegó sus extremidades, y se durmió.

Un rato pasó hasta que volviese a despertar, aún no había pasado el mal sueño, seguía allí, en el mismo foso. Otra vez le entraron ganas de mear, esta vez ya no quiso importunar a nadie y lo hizo en el tetabrick de zumo que para la cena le habían proporcionado. Lo dejó en una esquina trasera, se sentó, a la media altura del suelo. Silencio, algunos ronquidos de la celda contigua, más silencio, unas motos llegan, gasolina, aroma a gasolina, profundo y despreciable. Las aparcan, se bajan, siguen encendidas, más humo, mayor olor. Las apagan y se van. El tiempo transcurre de un modo completamente incierto, ninguna referencia al exterior, nada, como si de la antesala de un ataúd se tratase aquello. Los pensamientos corren, la tristeza, una mujer lejos, como el del perro... como el del techo, como el de crimen y castigo. Ya no se le ocurre nada más en que pensar, lo ha desechado todo. Descubre el amanecer con el encender de las luces del garaje a través de la ventana semiabierta, el medio día con el copioso almuerzo a base de brasas con suculenta carne y sabrosos embutidos que el cuerpo de policía se da en el mismo sitio. Pide un vaso de agua, le traen dos dedos en un vasito microminúsculo. No la beberá, el chico no beberá su mísera agua de mierda. Se quita la camiseta, se la vierte por encima y empieza a notar algo, la falta de sueño se manifiesta con euforia, en realidad, siente vida. Mira al frente, comienza a señalar el desfile de caras con sus pupilas. Fijamente a cada una, perfiles pasando, se detiene una, lo mira y se azora. El chico ya no piensa, solo mira de frente, no hay otra perspectiva posible. Entonces, alguien cierra la ventana. Y el chico piensa, "debe ser esto el homicidio?". Y llegan unos señores, criminalistas o criminólogos no sé, los que debían tomar fotos y huellas de los recluidos, lo llevan a una habitación exterior, le ofrecen asiento en una especie de sillón de barbero pero al recostar la cabeza no hay reposacuellos, por el contrario una especie de punzón metálico y frío se cierne sobre su nuca, como una punta de pistola, y entonces le dicen, "sonríe", bueno eso no se lo dicen pero al verlo tan alicaído lo consuelan un poco. Y ante esta compasión el chico responde con la mejor de sus apacibilidades, sonríe, torva la mirada, y sale el pajarito. Los dos criminalistas advierten el súbito cambio con cierto desconcierto, a lo que el chico se siente de nuevo satisfecho. Quiere esa foto, y también las esposas que le engarzaron al detenerle. Y quiere firmar en la pared. Un imperdible dorado que nadie vio quedó en la solapa del bolsillo de su chupa. Le pareció brillante, intentó abrir la cerradura con él jocosamente, interpretando. Evidentemente no funcionó, y tenía un apodo, algo en lo que llevaba tiempo pensando, una historia, Sénfir, Pendenciero Sénfir, y así, rascando con la punta del imperdible en el primer barrote firmó, con lo que él supuso mayor estilismo que el resto.

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