Fuga en Do mayor

Entro... -Buenos días-, -Buenos días-... Hablamos un rato; ya habíamos hablado antes...

-Ya hablaremos tú y yo de Bukowski-...

(...)

-Para qué estás aquí...?

Poso mis manos tranquilamente sobre su mesa, accidentalmente están llenas de costras cicatrizantes en los nudillos...

-Para hablar de Bukowski...

El silencio es tan calmo que se diría que ya se ha dicho todo o, en verdad, no se ha dicho nada.

-Pero qué quieres saber?

-Nada, simplemente un día tú me dijiste que hablaríamos de Bukowski y aquí estoy, para hablar de Bukowski...

El hombre aquí, no se sabe si es que es un poco corto y duro de mollera o simplemente le invade un miedo protector encima.

(...)

Pasa el tiempo... El holgado tiempo... Consigo deshacerme de esa "doctora", y por fin, él. Pasa a ser mío.

Nos situamos en el presente. Estoy acribillado de anti psicóticos. Estoy en fase aguda, muy aguda, de manía. Escribo esto con mis propias manos. Voy a observarlas al desvaído resplandor de esta pantalla. Uff, menos mal, esta vez no tienen pupas.

[...]

Me siento, charlamos...

Y como por arte de magia, blups! Aparece la Literatura.

-Quizás esto te guste...
-Hey, pues sería interesante... A ver?

-No, no me gusta. Lo siento, es que ni tan siquiera tiene una sola coma.
-Qué página has abierto?
-Pues la primera al azar; mira, el capítulo 10.

El texto es horrible, mal compuesto, mal redactado, mal concebido, en fin, una ruina en la cabeza del escritor que lo haya hecho. Pero él persiste.

-Mira, esta cosa es puramente mental. Si quieres te lo leo en voz alta y te explico porqué no me gusta. Y luego tú deberías hacer lo mismo...

El texto es tan malo, ya no solo en su tenebrista contenido el cuál pierde por completo todo protagonismo ante una lectura, sin signos de puntuación, que termino sobreactuando en modo de asfixia.

-Hombre, si lo lees así...

Le paso el libro; -Léelo tú pues...-

Y el hombre lo sostiene como si fuera el mismo Shakespeare.

"...las agonizantes rutas del hedor pasan por mi camino en las noches que impregnan mi vigilia como dardos geométricos apuntando directamente al suelo y..."

-COMA!
-Bueno hay una "y".

Le permito su cuento. Pero él, finge, desde el principio lo ha estado haciendo. Farol tras farol. Y qué es lo que puede temer ante un maníaco-depresivo más?

No lo sé, aún no lo sé.

(...)

Entro... Charlamos un rato...

La primera observación, más que evidente. Es su despacho. Por llamarlo de alguna forma. Es como un nido de cagarrutas donde una serie de aves carroñeras han ido dejando posar su mierda. Y el libro debe ser el cenit.

Aún así, permito. -No está mal, bueno, está "guay".

No pienso hacer la descripción porque si quiere verlo alguien que se lo gane a pulso como yo en estos 12 años.

(Y recuerda, "si vas a intentarlo, ve hasta el final").

Así que ya me he tomado religiosamente las pastillitas. Hoy me he hecho mis correspondientes análisis para comprobar que todo está en orden y...

A la siguiente cita acude tres cuartos de hora tarde, visiblemente apresurado y con gafas de sol.

¿?

No le voy a permitir más. Basta de circo. Que ruede la noria.


Chin, chin.





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