La maldad y el viento

Procurando ser bueno, vivo, inocente y dulce
siempre congelas parte de tu mente.
Como husky siberiano con sobrepeso.
Entonces llega el viento
te mosqueas
al principio
te despeina
te mosqueas
un poco
Aprendes a amarlo
otro poco
Te dejas amarrar por su cántico lejano y huracanado
a penas puede que sobrepases los 40 kilos de peso
y crees que te puede llevar
eso lo hace más emocionante.
Pero creces
y en los días secos añoras aquel aire
fresco, furioso, intimidante, colosal, indómito, terrible.
Y ves cómo se va abriendo paso tu cuerpo
cada vez más fuerte.
Empiezas a luchar contra la ventisca de esos dragones
que unas veces es de fuego y otras de hielo
empiezas a atajar el misterio
empiezas a vilipendiar tu sueño
tu rostro se tiñe de imperturbabilidad
rompes la espiga
azotas con el junco
vislumbras el vapor
en tu frente
y tus encías
que muerden.
Nunca volverán aquellas noches
en volandas y casi mágicas
La maldad de un largo recorrido recorre tu sangre.
Y en la arista de una vena se descubre el filo
cortante
del viento
que hierve.

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