La reunión de los profetas

Encontrábanse retirados todos ellos. Alejados de la comunal fiesta pagana. Pertenecientes, pero retirados. Todos ellos: Jesús de Nazaret, Yahveh, Mahoma, Buda, un Jefe japonés, e incluso hasta el mismo Moisés, que llegó cuarto de hora tarde.

-Abrid los brazos!-. Manifestó Jesús. -Pues aquí todos somos hermanos-, prosiguió, -y vamos a tratar de resolver los problemas que aquejan al hombre mundano-. Terminó por sentenciar.

Habla Yahveh,

-Todos no, amigo. Habla por los tuyos, pues mi gente lleva a sus espaldas siglos de peregrinación, de repudiamiento marginal, y, en definitiva, del rechazo por los que tú ahora quieres llamar "hermanos".

-Pero!..- Exclamó Jesús sin casi poder terminar de resolver una frase que se enfrascó en esa misma exclamación.

Habló Buda:

-No es necesario conocer a un hombre, ni los derroteros de su pasado, para afirmar verdades elementales sobre su presente.

Habla Yahveh,

-Claro, tú eres otro satisfecho más. Tus palabras son como gominolas para el pueblo. Dulces y apetecibles, pero carentes de substancia y perjudiciales para las encías y los dientes.

Habla Jesús:

-Pero yo no soy ningún dichoso! Me crucificaron!!! No lo olvidéis!!!

Habla Yahveh,

-Inventaremos una palabra para eso. No te preocupes Jesús... Inventaremos una palabra para eso...

Habla Jesús:

-Injusticia! Maledicción! Injuria! Calumnias! Traición! Poder! Quieres más palabras para eso???

Habla Yahveh,

- DESESPERACIÓN Y SADISMO. El tuyo, claro...

A todo esto Buda se está hurgando las pielecillas de los dedos de los pies. Y simplemente murmura:

-Te olvidas del duelo...

Habla Yahveh,

-Qué duelo? Aquí de momento no ha muerto nadie y si aún así fuese no habría el porqué rendir a la muerte tal homenaje.

Murmura Buda:

-El duelo más elemental, el de los vivos.

Exclama Yahve,

-Bah!! Al diablo!

Buda es casi imperturbable, sigue con sus pielecillas y entonces saluda a Sócrates que había ido un momento al W.C.

-Ése Buda!-. Exclama Sócrates.

-Sócrates...-. Redunda Buda.


Pero Jesús ha quedado como traumatizado, y relee, y relee, de principio a fin en su mente la conversación que se ha sostenido hasta su atajamiento.

Jesús no puede soportarlo más. Se levanta de un salto. Como si una especie de calambre serpentino le hubiese sacudido desde la base de su espina dorsal hasta cada extensión de su cuerpo.

Grita Jesús:

-LA SERPIENTE! ES LA SERPIENTE! AQUELLA SERPIENTE!!!

La verdad es que nadie le hace mucho caso y termina alejándose entre despavorido e inquieto para disolverse en la obscuridad del lugar y la comunidad festiva que lo absorbe.

Aparece Toro Sentado. Y aparece de pie. Y se sienta, ocupando el espacio libre de Jesús.

-Qué se ha aquí?-. Pregunta el poderoso y anciano guerrero.

Habla Buda:

-Perdedores, eufóricos y vencidos. Se suponía que estábamos tratando de arreglar el mundo...

Habla Toro Sentado, sentado:

-No ser problema el mundo, ser problema el hombre.

Habla Sócrates que en ese instante salía ya del W.C y de medio oídas inquiere en la conversación de forma fugaz y lejana:

-Sobretodo el hombre con hambre!!! (Je je je)

Toro sentado se mosquea un instante, -Mmm??-, y algo airado pregunta a Yahveh, Buda y los presentes. -Quién ser aquel ser?-.

Buda se rasca la coronilla con los dedos centrales de su mano derecha y sostiente, -es el genuino Sócrates. Jamás encontrarás un hombre como él. Podría sentarse aquí entre nosotros y vapulear nuestros ideales en menos de dos minutos. Por contra se marcha sonriente-.

Toro Sentado entonces, sin sonrisa alguna en sus fauces, después de recuperar la compostura levemente perdida exhorta:

-No gustar hombres que reír del hambre! Aunque tener razón, el hombre con hambre ser malo, pero el hombre sin hambre como aquel, que ríe del hambre, también ser malo, pues su hambre no estar en la carne del ciervo, sino en el paladar de su ambición.


Entre tanta cháchara, Mahoma se había subido a la copa de un pino. Por simple curiosidad. Quería extender su mirada más allá del horizonte en esta fantástica y estrellada noche de luna creciente.

-MAHOMA!!!-. Gritó Toro Sentado con una protuberante voz que se escuchó hasta en Jerusalen. La ya por entonces disputada Jerusalen de Jesús.

-Qué pasa ahí?-, dijo Mahoma.
-Tú bajar. Nosotros hablar.
-Habláis mucho y no hacéis nada, ése es vuestro problema. Yo al menos doy ejemplo, y hablo cuando debo y callo también. No me voy a jugar el pellejo por cuatro oropeles fantasma basados en un espejismo del desierto.
-Tú bajar. Nosotros hablar.
-Está bien, ya bajo, pero a la mínima estupidez me largo yo también.

El Jefe japones a todo esto había permanecido inmutable, más si cabe que el propio buda, pues donde éste en realidad no dejaba de fluir aunque con su pereza por bandera, el Jefe japones no, era una roca muy bien adherida al entorno de la tertulia.

-ぇぇぇぇぬ

-Y eso que quiere decir!?-, aspaventó Mahoma.
-Dubitación ante una respuesta inmediata-. Resolvió Buda.
-Ah sí? Qué respuesta?, continuó Mahoma...

・めのしとち

-Pues, no lo sé. Pero yo no me la jugaria, sabes Mahoma...?

-Ya...-. Y así también Mahoma se fue... Con discreción suspicaz, casi mirando a sus espaldas con el rabillo del ojo por la parte derecha de su hombro.

El joven Moises por aquel entonces sabía de su pasado vasallo, de su fortuna afortunada, nunca mejor dicho, y no pudo por más que poner los créditos a esta nada milagrosa escena:

1. Amarás sobre todas las cosas.
2. No dirás el nombre de Dios en vano.
3. Respetarás las fiestas.
4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
5. No matarás.
6. No cometerás "actos impuros".
7. No robarás.
8. No mentirás.
9. No sucumbirás ante la impudicia.
10. No serás codicioso.




FIN.


(Muxhas ghracisas a todxs!)






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