GRACIAS POR FUMAR (Atención crítica)

La peli empieza con un líder ejecutivo comercial de una gran empresa tabacalera en un programa de TV al estilo de El diario de Patricia. Su propósito, defender la causa del fumador ante la avalancha moralista que invade el país, y que, obviamente, puede repercutir, sobretodo, en las cifras de ventas de su compañía.

El escándalo y la confrontación se desata cuando una especie de censor de la OMS quiere poner en marcha un programa de etiquetado de cada cajetilla con el logotipo del "veneno".

Hoy en día es mucho peor aún de lo imaginado por aquellos tiempos y el despropósito llega hasta el punto de mostrar fetos podridos con frases lapidarias pero de verdad lapidarias. Esquelas anticipadas, diríase. Descargando siempre una culpa sobre el fumador, que además paga por serlo, desmesurada e inconcebible.

Pues bien, hoy soy yo Nick Naylor. Pero mejor:


El primer punto flaco de Nick llega cuando él ni tan siquiera fuma.

El cigarro, hay que saber tomarlo. Posicionarlo. Racionarlo. Inspirarlo. Expirarlo. Es casi un ejercicio místico.

El segundo punto flaco de Nick llega cuando ha de conseguir ajustarse a unas cifras comerciales exigidas por su compañía y de las que depende su profesión. Pues bien, a mí no me ampara ninguna compañía.

Mucha gente fuma sin saber, llevan años haciéndolo pero no han depurado su técnica. Cuando les preguntas te dicen: "Dejé de fumar pero rompí con mi mujer y he vuelto. Ya sé que no es bueno, ya sé que no es bueno..." Y básicamente ahí, es donde ataca esta antipublicidad tan degradante. Y ellos, pobres, confunden la culpa de sus motivos con el hecho de la incineración terrosa. Así, por su mismo miedo y demonización se tornan débiles y mueren. DE CÁNCER!

El tercer punto flaco de Nick llega cuando se presenta su vida sentimental de la cuál tiene un hijo en las típicas condiciones NorteAmericanas de hoy día. Divorciado, solitario, y va a casa de su ex a recoger al chaval.

Pero sobretodo el cuarto punto flaco llega cuando en un juicio, ante el que debido a toda esta historia urdida debe comparecer como imputado por una demanda de uno de esos tipos de la OMS por supuestas conductas inmorales al aprovecharse de su verbo para inducir a jóvenes iniciarse en el fumeteo y hasta a ancianos recuperarse en él, el sádico de la OMS le pregunta directamente (y ojo, que esto es muy clásico en los tribunales norteamericanos, ir directamente a la fibra sentimental del acusado): -Si entonces su hijo un buen día le pidiese un cigarro? Usted se lo daría??

Y Nick, con un par de grandes huevos, cae en el silencio de la sala, en el recorrido visual de la misma, centrándose en la estampa de su hijo presente, y, aunque no cree en su venidera respuesta, simplemente contesta: -Sí, y se lo encendería yo mismo.

Zas!

Y se arma el escándalo típico de los tribunales populistas en extremo de los Grandes Estados Unidos.

País de la Libertad. Pero tal es esa libertad que se termina por olvidar todo lo demás.


Spoiler:


No recuerdo el final, pero Nick creo recordar que termina un poco decepcionado. No importa. El tabaco es la quinta esencia de la vida, y eso no se podrá cambiar.

(Para algunos de la muerte, también. Pero, "la muerte tiene muchas avenidas")...


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