La cenicienta

A las doce de la media noche se terminaba el conjuro. De no haber aparecido ella las ventanas se cerrarían, los cofres se esconderían, y su talón de Aquiles le impediría abrazar la noche para tomar el fresco en una senda concienzuda.

Aquello se debió a un accidente. Un accidente aéreo. Una metedura de pata hasta el bien fondo.

Cayó desde cinco metros de altura desde el tejado de su casa. Y lo "milagroso" es que lo hizo de pie. Como enclavado por la gravedad, y todo su peso lo soportó su talón derecho afectándole a las vértebras.

Pero se levantó raudo. Síntoma de que a pesar de aquello no había quedado paralítico. Y a la vez tal miedo estímulo para levantarse de súbito. Quién sabe si hubiese permanecido desplomado...

Eran los tiempos del baile, de los festejos en los grandes salones de su castillo. Sin saberlo, la superstición se hizo cierta y palpable. Inescrutable.

Así que todo pasó. Todo.

Pero aquel talón, aquella vértebra, hallaron su curación. Y como marcas del destino, ahora, volvían a causarle el dolor.

Entonces una noche, una noche más, después de otras tantas noches, después de asedios inmisericordes, después de batallas encarnizadas, entre el tumulto del hedor porfiado, después, de escuchar a su Dios; qué Dios? Se preguntarán las gentes... El único, el verdadero, el implacable, el más temible de todos: La Jungla.

Una jungla que se le sobrevino en un rumor bestial sobre todo su propio cuerpo. Y fue nítido; eran elefantes, rinocerontes, leones, tigres, monos, tucanes, como venidos del muy más allá, obviamente, pues este príncipe tan sólo vivía en los aledaños de jardines decorosos y nobles.

Y una noche, una noche más, después de tantas otras noches, lo que escuchó fue su propia voz. Su propia voz no manejada por él. Su propia voz libre. Y sólo espetó un nombre.

A las pocas horas, Cenicienta había vuelto, en su carruaje, con su mismo vestido de azul perlado. Y sacudiendo sus zapatos encontró allí, en el derecho, un pedacito de cristal, como un mismo diamante, del que jamás podría curarse.

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