La escuela ideal

A Nacho le han preguntado esta mañana antes de entrar: -quieres participar?

Nacho se suele aburrir mucho en las clases, mira a sus compañeros, siempre suele llegar cinco minutos tarde porque por la mañana no quiere perderse el final de las series de dibujos animados que emiten y apura al máximo su vaso de leche.

Nacho siempre es reprendido por esta falta de puntualidad al acceder al aula por el profesor. <<La disciplina es importante>> le repite día tras día éste. Pero alguna vez ha sido el maestro el que ha incurrido en el retraso y cuando Nacho ha llegado al aula ha observado a todos sus compañeros hablando unos con otros. A Nacho le hubiese gustado entonces participar, pero Nacho observa, y deduce mucho, el día es largo, sus sueños se encierran cada mañana en ese aula, y cuando el profesor llega es como un bálsamo donde su soledad queda disimulada.

Pero esta mañana han cambiado las cosas en el país, un nuevo presidente, o algo así, y todo ha cambiado. A Nacho esta mañana, antes de entrar, le han puesto delante la cuestión: -quieres participar?

Casi todos los niños y niñas han dicho que no. Se han reunido por grupos en el recreo, un recreo amplio muy extenso, con un par de fuentes estratégicas de donde el agua a veces hasta mana fresca.

Nacho, como uno más ha respondido que no. Que quiere salir al recreo como el resto de sus compañeros, pero pronto se ha visto desplazado de todos ellos. No entiende cómo pueden hacer ver que nada está pasando, que la vida sólo es intimidad, y sobretodo le sorprende la prontitud con la que se asocian unos con otros cuales insectos en rituales de apareamiento.

Nacho mañana pedirá volver al aula. Aunque eso suponga el tener que compartir un área tan reducida con ese profesor casi exclusivamente.

Este libertinaje que se les ha propuesto a los alumnos no lo es enteramente. Hay unas normas, "prohibida la pelota, la cuerda y las gomas". La mayoría de niñas ya han renunciado a él y han encontrado mayor recreación que en el exterior con los lápices y los colores y los niños han empezado ocasionar peleas entre ellos. Nacho ahora está esperando que le vuelvan a preguntar.

Jose quiere mucho María, y detesta en exceso a Joan que se junta con Jorge que a su vez también quiere mucho a María. Así que Jose ha aprovechado la oportunidad para volver al aula también mientras Joan y Jorge se hacen los machotes y así sentirse cerca de María. La cual no advierte nada de esto y es una buena estudiante. Nacho sigue esperando a que le vuelvan a preguntar. También le gusta un poco María hay que reconocer, pero no tanto como para subyugar su vida por ella. Así que poco a poco, todos han ido volviendo. Descorazonados por el aburrimiento del cielo. Sin embargo, a Nacho no le han vuelto a preguntar y esta vez va a ser él, el que se envalentone cara a ese profesor y le diga: -puedo marcharme?

El profesor se quedará algo turbado por la asertividad del chico. Pero habrá de responderle que sí, pues la nueva Ley es así. Una vez fuera Nacho encontró las orillas de ese pesado cielo. Empleó sus lapiceros para pintarlo mientras unos y otros despistados como él se le acercaban a contemplarlo, a la vez que cada vez eran más. Y un buen día apareció otra María, esta del Mar, la cogió por la cintura, pasearon a lo largo de todas las magnas instalaciones de aquel lugar. Nacho había adquirido mucha técnica a la hora de saltar las vallas para fugarse a ratos de aquel centro, así que le enseñó este ejercicio a ella. La ayudó un poco, la niña pasó al otro lado, Nacho casi en dos tiempos también y se fugaron a los recreativos de unas cuantas calles más lejos para casi siempre.

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