Laura

Laura está encerrada.

La primera vez que la vi me pidió un papel.

"Amigo", repetía sin cesar.

Yo estaba aturdido, y su belleza se desplomó sobre mí del modo que apenas puede balbucear.

Nos cruzamos posteriormente un par de veces. Y seguía con su consigna, "amigo, eh, amigo".

Luego me la vi, con los matados del barrio, fumando porros y bebiendo birra calfada, y yo entre uno de aquellos, por pura casualidad.

Su belleza fue entonces aún más delatadora, más desenvuelta, más real.

Al despedirnos, después de conocer su nombre, Laura, forcé un "Hasta luego... Laura", cuando yo y otro ya nos íbamos de espaldas. De esto hace exactamente dos años.

Dos años en los que enloqueció. Y como tal, fue tratada por las gentes del lugar con vilipendio de escarnio.

Pero algo había dentro de ella que se fijó en mí. Tal vez de un modo inconsciente, pues nada puede saberse ya muy bien. Y me rehuía, me buscaba, dentro de su locura, con aún su orgullo, zafio orgullo, verdadero.

Ahora Laura está encerrada, entre unas calles que no hablan. En la compañía de un ser que tampoco parece decir mucho. Sin embargo, cuando alguien le muestra una mínima señal de cordialidad, a Laura se le desprende la belleza, aquella belleza innata y turbadora, y parece volver a ser ella.

La chica que no ha trabajado nunca, la chica que sólo aspiraba a conseguir unos porros para pasar el día. Y así de mano en mano, como un ser exclusivamente fraternal. Donde en la soledad, Laura sólo parece vagar.

Ha descargado su furia contra persianas, contra voces indolentes pasajeras, contra mí, enfrentándose en un cara a cara y saliendo vencedora. Justo delante de mi puerta. Y lo último que hizo fue pedirme un euro, con una voz lastimosa, desde el suelo sentada en el primer apeadero.

"Sí". Fue lo único que le dije y se lo di. Al lado del estanco. Y cuando doblé para entrar a por el tabaco ella vino tras de mí.

Al salir, el tipo con el que va ahora, se encontraba sentado en el mismo sitio. "Cuidamela", le dije.
"La conoces?", me dijo. "Un poco", le dije.

Pero la respuesta que vino a continuación no dejó mucho lugar a la esperanza. Aún así intenté abogar a la buena voluntad del chaval cuando ya me alejaba mostrándole un rostro cordial y mi dedo pulgar izquierdo.

Creo que Laura es tan vulnerable que eso la hace fuerte. Es capaz de transitar con tan sólo un hilo de vida, y de forma misteriosa, rebrotar.

Va por ella esta melodía ciertamente tierna.






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