Miedicos

Nos vienen hoy en El Mundo con el sermón de que el consumo de cannabis está íntimamente relacionado con el desarrollo de enfermedades psiquiátricas y la potenciación de la psicosis en el individuo. Aislamiento, pérdida del contacto con la realidad, etc. Pues bien; majaderías. Nada más que eso. Primero, con qué realidad? La realidad del magistrado? La del indigente? La enfermedad mental, o más bien, lo que tipificadamente se denomina "enfermedad mental", no es más que un escollo en la vida de la persona. Un tropiezo alarmista del que se hacen carroñeros cuatro "doctores especializados" y el resto de la sociedad los sigue por carecer de pautas para asimilar el accidente. Por miedo, porque la verdadera psicosis siempre está de la otra parte, de la gente sana, la gente común, convencional, ante la "paranoia" del enfermo. El enfermo mental goza de una locura sana hasta que el miedo de la sociedad lo ataja, el miedo ante su presunción, su absurdo (teórico) o su potencial enigmático. Porque el loco ha ido más allá, en experiencias arriesgadas de las que la mayor parte de la sociedad se encuentra privada. Es pues el caso de psicosis una psicosis hacia la psicosis ajena. Y cuesta recuperarse de ella, cuesta. Pero tiempo al tiempo.

Recuerdo aquellas noches de hospital, aquellas secuencias clínicas, rodeado por todo tipo de gente, enfermos y no enfermos (no cuerdos). Entre nosotros, los locos, siempre había un entendimiento característico, supremo, consustancial. Una pesadumbre y resignación propias por el hecho de hallarnos recluidos de forma tan vil en un lugar así. Todos guardábamos una característica común. Una visión entendible. Una correlación de acontecimientos en hitos que se tornaban completamente concordes a nuestra condición.

Sin embargo, para los doctores, no era tal. Ellos, eran supuestamente los observadores, pero lo triste es que su observación venía dada por una ceguera continua. El intento escudriñador sin implicación alguna. Sin mirarse a sí mismos, sólo tratando de desgranar unos comportamientos completamente ajenos a sus juicios digamos corrientes. Así caían en el desconcierto, en la duda, en la eterna duda, y por fin, en la ejecución de un dictamen estudiado académicamente. Como decía Bukowski en alguna entrevista que he leído (hombre del que no se puede dejar pasar ni una sílaba), el loco está ahí por lo que le ha hecho la vida, sin embargo el doctor sólo sabe lo que pone en sus libros. Se ciñe a sus mandatos y opera en concordancia a ellos. Y ése es el gran problema del raciocinio humano. Los márgenes de la razón que se establecen mediante el ejercicio lector y no vital. Sócrates nunca escribió nada, no era tonto, sin embargo, Platón, del cuál dicen era su mayor discípulo, lo escribió todo. Es decir, no aprendió absolutamente nada de su maestro. Lo más básico, vaya. Porque con la escritura llega la estereotipación del pensamiento, la anulación del mismo, y la pérdida de todos cuantos valores se puedan hallar en el ser humano. Si nos atenemos a conceptos y filosofadas. O a lo que hoy en día podríamos denominar, psique e instinto. O súper yo. O ego. O como se prefiera. Pues es así la retórica un mero instrumento para el desempeño del hombre en un medio concreto, para manejarse, digamos, dentro de una sociedad civilizada. Eso no sé quién lo dijo, tal vez fui yo, pero: "La mejor manera de que el hombre incurra en un error es hablando". Si esto lo traspolamos a una charla interior, como la que acontece a la escritura de un libro ya sea filosófico al estilo kantiano, o psicológico al estilo jungiano, se convierte en una feroz monstruosidad legada a los siglos de la cultura humana, empañándola, distorsionándola y creando cada vez más enigmas que pretendan ser resueltos por la especulación de unos nuevos.

Es decir, la cultura humana, es todo como una gran gilipollez que nos legamos de hijos a nietos, de estos a los siguientes, y así hasta llegar a la anulación de algunos términos que en su origen pudieran haber tenido algún sentido. A modo de ejemplo, pondré el término Glamour. Pues aunque muchos nos pensemos que proviene de la madre Francia en los años 20 y que refiere una actitud relacionada con la sofisticación, nada más lejos. Es india, y en sus orígenes se conceptuó como una característica del ser humano para tener poder. Y así cada día, nos va sucediendo con infinidad de conceptos, que se traspolan a nuevas palabras, a nuevas acepciones, a nuevos pensamientos tal vez, a nuevos mecanismos para entender la realidad. Una realidad que pasamos por nuestro propio filtro, que no ha dejado de ser la misma desde la gestación del ser humano y que sin embargo cada vez está más sujeta a la confusión y desmenuzamiento.



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