Campañas de España

El estado federal. Ese sueño no es nuevo. Un modelo como el de Estados Unidos, Alemania o Canadá. Se viene persiguiendo desde tiempo atrás, la creación de las autonomías quedó, como bien comenta Ximo Puig, abierta para las futuras generaciones en la Constitución elaborada en 1978. Entonces llega la disyuntiva: Cuáles de esos estados-nación contienen verdadera identidad vernácula? Es lo mismo la tradición y cultura andaluzas que la extremeña, la catalana o la propia valenciana? Por no hablar del País Vasco... Pues bien, nuestros candidatos lo enfocan todo en una cuestión económica. De distribución de la riqueza desde el núcleo madrileño con el fin de subsanar esta lacra mediante la "autodeterminación" de las autonomías. Pero aquí hay un riesgo, y consiste en un remarque territorial. Un remarque que muchos, desde el orgullo patriótico, en un futuro podrían ejercer para la fragmentación de España. Ya sean blaveros, comunistas, o sencillos rebeldes. Con esta propuesta del federalismo se está haciendo mención a unas delimitaciones imaginarias, creadas al tun tun por el azar de los acontecimientos históricos del Reino de España. El catalán dirá, PAISOS CATALANS! El valenciano dirá, VALÈNCIA! El vasco dirá, ESKATOLEIRROCA KASKU DUM! El andaluz dirá, MUCHO BETIS! El gallego dirá, E NOSOITROS QUE? Y de entre todo este eco y elenco de voces, saldrán "líderes", líderes sagaces en el verbo, en el manejo de la sensibilidad territorial de los más ignorantes (en este caso Vox ya está jugando esa baza con los agricultores de ésta, nuestra Comunidad). Todo esto, amparado por un "sistema de autodeterminación" puede acabar con lo que conocemos como España y fragmentarla pero de verdad. Se recuerda que aquí tuvimos una Guerra Civil en circunstancias muy similares a la actual. Es decir, "el auge de la mujer", "el debate eterno de las dos Repúblicas", "las consignas acarameladas", "la llamada a la esperanza por vías diplomáticas", y finalmente el golpe de estado que lastraría a esta nación por más de medio siglo. Eso ahora no se contempla, todos disfrutamos de este juego en el que cada uno de nosotros parece estar representado. En el que tenemos un slogan para cada miseria y palabras infinitas cada día. Pues bien, la gente de verdad, la que va a acudir a las urnas, está sobretodo cansada. El entusiasmo político contrasta completamente con el escepticismo del ciudadano de a pie. Que se torna incrédulo, temeroso, esquivo e irreflexivo. Las campañas tienen esto. Modificar la constitución no trae bienaventuranza. Es el uso de ese documento, en manos de según quien, lo que puede llevar a la prosperidad a un país. El federalismo suena muy bien. Sobretodo si lo ejemplificamos con países tan "avanzados" como los mencionados. Pero en realidad no hace más que abrir una brecha, si cabe aún más, en las conciencias de la gente. España es una, única e indisoluble. Ya es hora de que nos vayamos dando cuenta de esto. Y si el problema es la financiación, porque es en realidad siempre el problema de base, sólo cabe exigir desde Madrid, pelear dentro del marco constitucional y compensar la riqueza en arreglo a la demanda de cada región. Porque os comento... La Comunidad Valenciana son tres. Y a cuál de ellas más singular. Y lo mismo sucede en todo el resto de España. Dejemos de tratar de reparar las instituciones con remaches y empleemos bien las que existen. De lo contrario todo suena a falsa promesa, esas que luego, gracias a la madre hemeroteca, tanto afloran después de estas jornadas de supuesta intensidad. No nos vayamos al progresismo quimérico de las grandes potencias mundiales. Tomemos el ejemplo de la resistencia. Del conservadurismo ideológico. De los valores inmutables del ser humano. Sí, de Rusia, de Cuba, de Venezuela. Hoy en día estamos dominados por un Imperio que nos vende un modelo político idóneo para la consagración del Capitalismo. Para la tiranía de las cifras. Mientras en otras partes del mundo, su consecuencia es desastrosa. Si queremos avanzar, no olvidemos el pasado, no descuidemos el presente, y no subestimemos el futuro. Pues un planeta en el que un ser como Adolf Hitler consiguió hacer temblar sus cimientos provocando uno de los acontecimientos más indiscriminados de su historia, lo último que necesita es campaña, propaganda estéril y palabras.

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