El corcel negro

Patt salia todas las noches en busca de fortuna. Patt era un chiquillo de no apenas mas de 6 primaveras de edad y Patt, sobretodo, era astuto y audaz. Aquella noche, en medio de las colinas, trepidando como un bramido de incandescencia vital, Patt percibió el suelo en toda su inmensidad. Si, es cierto. La tierra se estremeció. Y la verdad, no había en aquella noche Luna, ni tan siquiera estrellas, es más, solamente niebla, brumas erbolísticas y una incomprensible claridad. Ni cabe decir que, Patt, también, pudo dar fe de aquel desconcertante vibrar en sus propias carnes. De pronto, algo, tal vez un halo mas del mismo viento, tal vez un sencillo chirriar de los desfogados arbustos, tal vez, su ingente imaginación, tal vez... Aquel caballo color eternidad. Y fue entonces cuando Patt quiso poseerlo, cuando su crin quiso bordar en su mismísima piel, cuando Patt descubrió la magnificente sensación de no solamente ya volar, sino, también, arder.

Todo esto no pudo o no fue capaz de explicárselo a nadie, todo esto se quedo retenido simplemente en su perfidia onírica y postular, todo esto, si, como un simple anhelo embostezado fue resuelto por su cuerpo. Y, aquel corcel, un corcel negro, bien negro, mas negro aun si cabe que la misma noche que a ambos albergaba... Todo esto, sirvió para que Patt, mucho tiempo después, se convirtiese en aquel mismo ser.

Leyendas son, leyendas van, leyendas vienen cuando la única verdad, es la fraternal.

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