GUN CRAZY


(Esta es la historia de un hombre que disparó siete veces sobre el cuerpo de otro por celos)

Su nombre era Jeff. Hombre de color. Su rival era Josh. Hombre también de color. Hermanos, diríase.
Jeff cuidaba de una hija que no era suya, pero cuidaba de ella, en la casa de su ex mujer. Como digo, la niña no era suya, pero él creía que sí. Pues con su buena polla negra la había engendrado. Su ex mujer aguardaba en su casa. Su ex casa. Y un día, un bonito día primaveral, el idóneo para cometer un homicidio de tal calado, se acercó como de costumbre era, por allí.
Entonces vio a su ex mujer, al lado de la ventana, que le chillaba, FUERA! FUERA DE AQUÍ! NO QUIERO VERTE MÁS! Aún así, Jeff, que era un muchachito muy valiente, capaz de mantener él solo a una niña de 3 años con sus apenas 19 primaveras de edad, no vaciló ni un instante.
Prosiguió su marcha sin dejar de observar qué. Nada,  simplemente prosiguió su marcha. Pero entonces, la mujer, su ex mujer, atisbada por la ventana anteriormente, resbaló con un trozo de hielo desprendido de ella. Y ella, en esos justos instantes, portaba a la criatura en brazos. Jeff pensó, entonces, por fin, pensó: -Esta maldita zorra del demonio, no es responsable lo que está haciendo con mi hija. Y al abrir la puerta aún más decidido ante tal conjetura se topó de bruces con… El amante.
Sin dudar un instante, Jeff sacó su pistola, inmaculada, negra, callejera, bien repleta de balas y cometió el homicidio.

Ahora Jeff descansa en una prisión federal del norte por un periodo de 37 años. Jeff tendrá tiempo de pensar más. Tan sólo un pelín. Y su familia muy agradecida a la policía está por haber sacado a su pobre hijito negro de las apestosas calles suburbanas de aquella ciudad.

La ex mujer de Jeff sólo atinó a decir una palabra justo antes de comprobar el verdadero miedo que por fin le asestó al niñito cuando iba en el coche patrulla destino de dicha prisión y a ambos les permitieron tener una breve charla telefónica:

-No me jodas nena! Te quiero, esa es la verdad. No me jodas!
Y ella, así como son las verdaderas mujeres, las buenas, las rotundas, las contundentes, las que saben de qué va la vida, simplemente respondió. Adiós

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