Las mil y una tardes

Cuando el sol se posa en los nidos de las ventanas
y el relámpago eterno inmortaliza los televisores

Cuando el cántico del grajo se hace difuso
en la letanía de un sollozo abrumador y dormido

Cuando el viento sesga los prados
arados

Cuando el hito de una luna asoma feroz y mordiente entre las colonias de hormigas
Cuando el velo de una señora se desprende de un rostro desgarrado
Cuando el vaho ilumina el espejo
Cuando el sello de la dignidad se alza por encima de todas las postales
Cuando el cansancio es ciego
la lucha se detiene
y los niños empiezan a hacer sus deberes

Entonces has tomado la tierra en un sorbo de café.

Y ya eres inmortal, como cada apeadero de esta ciudad.

Y ya eres libre, como cada sarmiento de este pinar.

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