Sepulcro número trece. II

Es muy largo de contar, y en realidad no merece ni la pena. El caso es que aparecen polis, maderos, no madereros, eso, es muy distinto. MADEROS. Por un tubo. Pero esta vez un tubo negro, oscuro, rígido, pesado, ominoso, o sea, una pipa, bueno, muchas pipas, y porras, eso, muchas porras también. Porra a la que los habría mandado yo, pero en fin, como decía, puro protocolo.

Y resulta que va una especie de MÉDICA (uff, qué rimbombancia tiene esta palabra), con ellos. Y bueno, no debía ser muy buena médica porque no hace absolutamente nada. Y luego el tema de la ambulancia. Ahí se quedan todos mudos con mis intervenciones. Yo digo, simplemente, te cuento un secreto? Y ella, oh, un secreto, bueno, como quieras, pero aquí habemos muchos, cuenta, cuenta si quieres. Y yo, no sé que pasa, que hay un bache o algo así y entonces ya pierdo el hilo de mi pretendido discurso y termino por claudicar entre semejante confusión. Pues bien, el secreto era: El hombre es un lobo para el hombre. Y sobretodo cuando hay hambre. Uff, secretazo. Creo que filósofos Á se forraron por soltar lo mismo.

Y nada, aquí viene lo tétrico. El número 13.

Pues resulta que te llevan a una sala de hospital. Con ese número. Y dices, piensas, a qué hostia puta juegan estos médicos. Pero enseguida lo adviertes. No es casual tu paradero. Y una mujer muere apaleada por su chulo. Mientras, digo.

Y te dejan allí. No diremos como un perro porque está muy visto, pero como una mofeta podríamos decir. Apestado.

Y te dejan ahí.

Y viene el doctor, OH, doctorazo. Un nen de 20 primaveras si llega. SI LLEGA! Y le cuento, porque me dice, cuénteme... Y le cuento lo poco que hay que contar. En fin, la vida...

Y él súper-intrigado. Y yo, chato, la vida... Sabes lo que es la vida...? Mira a tu alrededor y deja de persuadirme a mí. Y él, ohhhhh, la vida.... uhmmmm.... en serio? Y yo, sí. Bueno y ahora qué. Y nada, se larga y ahí me quedo en la puta estancia número trece del hospital universitario de la Fe.

Y lo que viene es tan zafio y asqueroso que ya me da asco seguir contando. Aparece uno de los secundarios del último film de Clint Eastwood, pero cuidado, que le llaman Vicent! Un mafioso descarado. Y le digo, compañero! Ayúdame, o algo así. Pero levanta su mano derecha y tan sólo me enseña un anillo redondo bien dorado. Así que lo entiendo todo al instante. Me han cazado, pero de verdad. Y me van a dejar morir ahí. Porque, hay un teléfono, pero como lo he usado para pedir una carbonara pues le han cortado la linea. Sólo un vasito de agua es mi último abastecimiento. Así que lo sabía, como al puto Ché, me van a dejar morir ahí. Inventarán cualquier cosa para disuadir a mis padres. Estoy en el callejón sin salida de un puto laberinto. Voy a morir fijo. Y encima estoy ATADO. Y con todos mis huevos lo acepto y entre convulsiones miro a la luz blanca del techo y empiezo a repetir con aparente desesperación, pero sólo aparente: SE TARDA MÁS EN MORIR DE HAMBRE! SE TARDA MÁS EN MORIR DE HAMBRE! SE TARDA MÁS EN MORIR DE HAMBRE! y ese vasito de plástico es mi salvación. Cómo lo hice? Pues no sé, se dio solo. Porque el trece tiene algo, y es la diferencia entre ser famoso y salir por la tele y la de ser famoso tan sólo a ocultas. Si te ha tocado la segunda, todos, TODAS, todos, pasarán por encima de ti como una mierda. Allí no hay compasión, ni piedad, ni sentimiento alguno de nada. Son solo muñecos afaenados en una labor descafeinada, sin compás, sin tacto, sin implicación, sin estoicismo. Sólo un puñado de mierdas de los pies a la cabeza. Y hablo por toda la ingente cantidad de soplapollas que había allí.

Así que bueno, entonces pido un cura. Oyes, quiero hablar con alguien sensato. Un cura está bien, me da igual si se trata de un fontanero pero calculo que a esas horas pocos habrá despiertos. Pero un cura puede ser alentador, más que nada para contarle a él toda esta mierda. Hablar es un prodigio de la naturaleza humana. Cuando te quitan eso es cuando mueres de verdad. Y ya no sólo hablar, sino sencillamente expresarte. Y a eso juegan todos estos maricones de mierda. Vamos listillos, venid agora. Que me cago en vuesa puta madre. Hijos de perra.

Y luego pues nada, resulta que hay una llamada, una alerta, algo que ha sucedido, un espanto que se han llevado algunos, porque YO TENGO MÁS COJONES QUE NADIE, y pues eso, a TOOOOODA velocidad, tras pasar más de 12 horas atado a esa mierda de cama, pues me encuentran un huequito en el hospital de DOCTOR PESET. Y bueno, ahí lo que viene ya para la próxima.


Ce finí.

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