UN OCASO DE HOSPITAL

El ocaso sabe a cena temprana.

Se cierne entre grúas mamotréticas a través de ésta ventana.

La televisión canta sus ruegos habituales;

un día más, piden;

cuando es el ocaso el que a todos los despide.

Su ritmo es de cuna, las nubes ya no pugnan,

compañeras de pasillo me comunican el significado de "tresillo";

tal vez el suyo,

tal vez ninguno.


Y es que Sol ya ha dicho adiós,

dejando un purpúreo enigma sobre su volcánico horizonte.

Es como si el mismo Dios acabara de descender de los cielos,

mucho más allá de nosotros, engullido por la tierra y para siempre,

otra noche inalcanzable.

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