Sobre la autolesión, el suicidio y el asesinato

Jassil se ha hecho unos cortes por el brazo. Es horrendo. Iba yo al bar de costumbre y me lo encontré. -Muy buenas-, -Buenas, buenas-... Entonces se mira, se escandaliza. No ha dormido. Y no es la primera vez. -Tú mismo?-, -Yo loco...-, -tú mismo te has hecho eso?-, -Yo no sé... yo loco-. Y no, no es él el loco.

Los fines de semana nos despertamos y vemos una televisión amable. Una televisión, en realidad, destinada a los más pequeños del hogar. Pero que muchos se han estado tragando toda la semana prácticamente sin intermitencia. Y entonces nos toca afrontar el día. Primer escollo, toparse con el vecino en el ascensor. Para muchos es simplemente así. El asesino lo lleva por dentro, incluso sonríe y se muestra tranquilo. El suicida, lo presiente todo, lo sabe, es consciente de la farsa, de la actuación despreciable de sus semejantes. Nuestras vidas están rotas por callejones que doblan en ángulos de noventa grados. Y allá donde vayamos, la civilización es así. Una marabunta quebrada. No hay destino, no hay aprecio, sólo farsa. Carnaval de vanidades, ceguera déspota, egoísmo frío. Y sobretodo un miedo, un miedo ancestral que camuflamos, que incluso hemos olvidado, y que se convierte en el motor de toda la tragedia llamada Humanidad. Las opiniones van y vienen como dardos, escuchamos tras de nosotros el vacío de voces que se cruzan en la nada. Que no se comprometen, que no aspiran, que simplemente son una pose para pasar de soslayo por una vida aterradora. Los que tienen dinero pueden fingir su propia dicha, en momentos de cierta desesperación echar la mano a la cartera y comprarse cualquier cosa. Pero la cosa cambia cuando no hay nada a lo que aferrarse. Aquella bebió lejía, éste se hace cortes en los brazos. Ayer un tipo asesinó a su propio hijo mientras gozaba de su debida custodia amparada por un juez. Tan jodidamente ciegos estamos? Tan en los mundos de Yupi? No hay reflexión posible, porque se teme la marginalidad. Y el que la lleva demasiado lejos termina volándose los sesos. Mientras tanto sonreímos, aplaudimos de manera inercial, y cuando llega el verdadero aplauso nos hemos insensibilizado tanto que ni tan siquiera somos capaces de reconocerlo. Así la política se pudre, el espectáculo se torna indiferente, y el pueblo se hunde.

No se preocupen ustedes, hoy tan sólo tenemos a un mendigo autolesionado durmiendo en un banco, a una madre destrozada, un hijo muerto y un padre ahorcado. Mañana vendrán más escándalos sobre los que poder charlar con su vecina en el corrillo, de esos que se velan a la hora del café, y de los que cuando se trata de una pobre adolescente mueven el vox populi de países enteros. Dejen de mirar al de enfrente como una amenaza, empiecen por enderezar sus propias vidas y no acaben soltando majaderías por la calle que aprendieron de rumores. La única solución a toda esta ingente cantidad de mierda es uno mismo. Date el valor que mereces, y si te olvidas de él, sal a la calle y vuelve. Cerciórate. Y sobretodo resiste, porque la avalancha es cada vez más fuerte. Eres fuerte, y no olvides, que estás en un mundo cobarde.

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