PERROS Y MUÑECOS


Marcos juega con sus Action Man en la cabaña que su padre le edificó entre los ramajes de aquel árbol. Tienen tres Doberman y son muy agresivos. Su hermano mayor se ha comprado una moto. Bueno, se la han comprado sus padres. Es arriesgado, circulando con ella por aquellas serpentinas carreteras, temerario, diríase. Marcos sin embargo es prudente. Juega con sus Action Man, le gusta el campo, aquel campo, y sobre todo tiene un carisma del que su hermano carece. Su hermano llora y patalea cuando pierde al parchís. Por ello Marcos, cinco años menor, no ve en su hermano un ejemplo ni tan siquiera un reflejo en el que mirarse. Marcos habrá de aprender a vivir solo. Y cuando salga de aquel campo, y crezca, pues es un poco retaco, la vida tratará de acabar con él.

En aquel campo Marcos ha descubierto facetas de sí que desconocía, pero no será consciente hasta que las consecuencias se desaten. Es un chaval alegre, tiene valor, valor auténtico, si derrama lágrimas aún nadie de fuera de su entorno lo ha visto. Marcos de momento monta una bici. Una Motoreta de asiento tipo Harley. Mientras su hermano ya ha sufrido dos accidentes graves por su estilo de conducción descabellado él simplemente pedalea. Aunque Marcos es abierto no trata de exteriorizar sus sentimientos. Y cuando estos afloran lo hacen en arreglo a la circunstancia en cuestión. Marcos así se ha encarado con algunos mayores de la zona. Tiene un ímpetu particular. Suele ir directamente a por lo que quiere. Y cuando no lo consigue, pues aún es muy pequeño y sus padres son los que le ponen el freno, entonces rabia un poco. Aprieta los puños y cambia de parecer tras enrojecérsele un poco la cara. Marcos tiene paz interior, como casi cualquier niño. Pero es poco meditabundo. Esos tres Doberman jamás han espetado ladrido alguno, sin embargo nadie en su sano juicio osaría a acechar la finca de nuestra familia estando esas tres bestias sueltas. Y así acabará siendo Marcos.

Marcos ha crecido. Como estaba previsto. Continúa visitando aquel campo pero ahora es él el que va en moto. Su hermano ya tiene coche, y ha tenido otro accidente. Esta vez ha sido fuerte y se encuentra en el hospital todo asistido. Marcos ha ido a verle pero se muestra incrédulo. Simplemente es su hermano, de nuevo, que lo recibe sonriente. Marcos se ha vuelto más taciturno para con los suyos si cabe. Nunca creyó en la empresa de su padre, ni en ese puesto de trabajo cómodo soñado por su hermano. Su madre, en cambio, les dio todo el cariño que pudo, como pudo, y tal vez esa era su factura más grande. El caso es que Marcos se ha empezado a juntar con gentes del pueblo que no son trigo limpio. Si de niño ya era valiente, ahora es incluso hasta peligroso. Y a Marcos, se la han jugado. Ha empezado a traficar con marihuana, y esta vez cree encontrarse en un callejón sin salida. Si es que lo ha pensado.

-         Dónde está la mercancía?
-         La llevaba aquí.
-         Y dónde está entonces?
-         No lo entiendo.
-         Ese alijo costaba más de mil pavos.
-         Ah si?
-         Sí…
-         Pues dame unos días.
-         Tienes una semana.
-         Y si no?
-         Dile adiós a mamá.

Néstor es un mafiosillo de poca monta de un barrio de la localidad. En realidad un fanfarrón. Pero esta vez ha jugado con fuego, y entre fuego acabará muriendo.

Marcos todavía no ha salido de su perplejidad ante la pérdida del alijo pero el Doberman ya no le deja pensar. Su objetivo ya no es destramar el caso sino acabar con Néstor.

Eso no le va a suponer ninguna dificultad aparente porque va a recurrir a dos compinches. Así Néstor termina en el maletero de un coche. Este coche lo dirigen hacia un peñón y allí le prenden fuego al completo.

Así Marcos pronto es requerido por las autoridades policiales, investigan el caso y en cuestión de dos semanas Marcos es condenado a 22 años de prisión por homicidio.



-         Ya queda menos, mamá…

Le ha dicho a su madre por teléfono ante la perspectiva del primer permiso que le van a dar para navidades el año que viene.

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